CASI SEGURO MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES


Avigdor Liberman
Por Rafael L. Bardají
GEES
Publicado en ABC

Israel es una nación de clichés. Quiero decir, el mundo ve a Israel desde prejuicios, y un sinfín de clichés. Un claro ejemplo es el recibimiento al nuevo gobierno salido desde que se supo que el primer ministro sería Benjamin Netanyahu. Y mucho peor desde que se ha conocido que su ministro de Asuntos Exteriores va a ser Avigdor Liberman. Todos los demonios se han desatado.

A Netanyahu se le acusa de no querer un acuerdo de paz con los palestinos, cuando es un hecho constatable que buena parte de ellos desean más el conflicto permanente que la paz. De Liberman se dice que es un ultraderechista y con eso se le descalifica para siempre. ¿Su pecado? Querer un Estado judío homogéneo en el que todos sus ciudadanos juren y deban respeto a su ordenamiento y no esté permitida la apología de su destrucción. Algo, a mi juicio, bastante sensato. La última vez que le vi estaba estudiando nuestro experiencia con el independentismo vasco y nuestras fórmulas legales para ilegalizar el brazo político del terrorismo.

En segundo lugar, Liberman no es un ogro que desee acabar con los palestinos. Es partidario de dos Estados que convivan en paz y para ello está dispuesto a renunciar a lo que es hoy suelo de Israel, aunque habitado por árabes-israelíes. Desde su punto de vista, si se llegara a un acuerdo de intercambios de tierras, sería más sencillo alcanzar una paz duradera. Todo lo demás ya se ha intentado sin éxito alguno, ¿por qué no dar una oportunidad a su plan?

Avigdor Liberman es un radical y eso no se puede negar, pero en el sentido de intentar llegar a las causas últimas de los problemas. Puede que sus maneras no sean del gusto de la diplomacia occidental, donde lo relevante siempre es el proceso y no las soluciones. Pero no por ello se le debe marginar. Es una persona con sus ideas pero es una fuerza importante en Israel.