CAUTIVOS DE SU DEPENDENCIA


VERGUENZA PARA EL ESTADO LIBANES
Ana Jerozolimski desde Jerusalem


Hace mucho que el Líbano está preso. Del fanatismo, del extremismo, de la radicalización integrista de Hizbalá que llevó tragedia a la población del sur del país , al actuar en nombre de intereses extranjeros dictados por Teherán y del aprovechamiento de la vecina Siria.

Ya ni hablamos del gran beneficio que tendría la población civil libanesa si en lugar de lidiar con contra-ataques israelíes a las provocaciones de Hizbalá en la última guerra, y de la OLP años antes, hubiese podido simplemente disfrutar de los avances tecnológicos, científicos, agrícolas de Israel, que compartió siempre y sigue compartiendo con diferentes partes del mundo.

El problema es cuando las autoridades de un país manchan su propia dignidad y con ello impregnan de vergüenza a su propia gente. Vergüenza, claro, que deberían sentir, pero que no podríamos asegurar que realmente sienten...

Y nos referimos al desfile de autoridades , dignatarios y figuras libanesas que se hicieron presentes en la ceremonia en Beirut, en la que el terrorista Samir Kuntar anunció su compromiso con Zeineb Barjawi, hija de una destacada familia libanesa.

Nos compadecemos, ante todo, de la familia Barjawi, que parece no haber hallado ningún prometido mejor para su hija. Es que no debería ser difícil hallar algo que supere a un terrorista que no sólo mató a civiles inocentes sino que se vanaglorió por ello y dijo que lo volvería a hacer.

En julio del año pasado, al ser devueltos a Israel los cuerpos sin vida de los soldados Udi Goldwasser y Eldad Regev, los dos soldados secuestrados por Hizbalá en julio del 2006 y asesinados , observamos la recepción propia de héroes que Líbano había dado a Samir Kuntar, uno de los cinco terroristas por los que se intercambió los cadáveres.

Y nos preguntábamos retóricamente si no tiene vergüenza una madre libanesa, una madre palestina, un padre en cualquier parte del mundo árabe, al explicar a sus hijos que las transmisiones especiales de ese día por televisión y las celebraciones de victoria eran para recibir a un hombre que cuando tenía 17 años mató a balazos a un civil de 28 años ante la mirada de su hija de 4, rompiéndole luego el cráneo a la pequeña con la culata de su rifle y golpeándole la cabeza contra una roca hasta estar seguro de que había muerto? “.

Claro que nuestra pregunta era retórica. No tienen vergüenza, no, en absoluto.

Y ahora lo volvemos a confirmar, cuando el propio ex Presidente de Líbano Emil Lahud fue a felicitar a Kuntar y dijo que le desea dicha junto a su prometida “porque él es como un hijo para mi”.

Leo y releo la noticia llegada de Beirut ...y se me hace un nudo en la garganta al pensar que esa gente , vecinos de Israel, es la que da el tono. Los que realmente quieren la paz-que seguramente los hay , y muchos- no son los que determinan la dinámica en esta zona. Y querer la paz no significa decir amén a todo lo que haga Israel ni elogiarlo cuando comete errores. En absoluto.

Querer la paz significa actuar pensando en el bien de la propia gente, sabiendo que la guerra y el fanatismo nunca servirá sus intereses..y que gente como Samir Kuntar debería ser símbolo de vergüenza nacional que nunca aportará a nada positivo.

Mientras se siga presentando a gente como esa en términos heroicos y elogiosos, nada cambiará en esta zona, aunque Israel se desnude y achique todas sus fronteras, aunque no haya asentamientos y Jerusalem Este sea capital palestina. Mientras terroristas asesinos sean alabados, no se podrá educar a una nueva generación hacia la paz.

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