EL TERCER REICH Y SU MEDICINA MORTAL


El Museo Judío recupera la voz de las víctimas de la eutanasia nazi

El Museo Judío de Berlín ha recuperado la voz de las víctimas del programa de eutanasia nazi, a través de una exposición que recorre el delirio racista del Tercer Reich y su clase médica cómplice e invita a reflexionar sobre los límites éticos de la genética actual.El caso de Martin Bader, zapatero remendón, pone rostro a lo que fue el destino compartido por las 210.000 víctimas de la "Aktion T-4", el plan de exterminio del Tercer Reich para inválidos, débiles mentales o pacientes afectados por enfermedades genéticas.Bader no padecía ninguna dolencia congénita, pero había quedado inhabilitado para el trabajo como consecuencia de una gripe contraída ya adulto, que degeneró en Parkinson."Su diario, sus cartas y las actas médicas desde que ingresó en el centro de Bad Schussenried hasta que le trasladaron a las cámaras de la muerte de Grafeneck se convirtieron para mi en la voz del padre que murió", explicó Helmut Bader, el hijo de la víctima, quien ha participado en la elaboración de la muestra.Bader tenía un año cuando su padre ingresó en los ficheros de la medicina nazi, en 1934, un año después de la llegada de Hitler al poder. De las consideradas revisiones de rutina iniciales pasó al ingreso en Bad Schussenried y luego el traslado al lugar donde moriría, en Grafeneck (sur de Alemania)."Sus cartas me devolvieron al hombre jovial que fue y cuya vida quedó a manos del T-4", explicó su hijo. El programa de eutanasia nazi, orquestado entre 1940 y 1941, tomó ese nombre del domicilio donde se fraguó, en la Tiergartenstrasse número 4 de Berlín."Fue la continuación del programa de esterilización forzosa emprendido por Hitler inmediatamente después de llegar al poder. O una estación intermedia del exterminio masivo de Auschwitz", indicó Margret Kampmeyer, comisaria de la muestra.La exposición, titulada "Medicina mortal. La obsesión por la raza del nacionalsocialismo", toma el material ya exhibido por el Museo del Holocausto de Washington, ampliado con los documentos de esas víctimas y "desposeído de la escenificación de esa muestra, más emocional y concebida para el público americano", indicó Kampmeyer.Sobria, sin dramatismos, la exposición berlinesa traslada al edificio en zigzag obra del arquitecto Daniel Libeskind lo que empezó como programa de "higiene étnica" y desató el genocidio.Unas 400.000 personas, mujeres, niños y hombres adultos fueron sometidos a la esterilización forzosa, sea por padecer enfermedades genéticas o por favorecer la 'arianización' del Tercer Reich.A este colectivo siguieron las víctimas del T-4, programa que Hitler no llevó a sus últimas consecuencias. Se interrumpió en 1941 "dado que las víctimas no eran únicamente judíos, sino también ciudadanos arios, lo que generó presión social", dijo Kampmeyer.La presiones de la iglesia, entre otras, y el miedo a que "a los enfermos mentales siguieran simplemente los viejos" hicieron dar marcha atrás a Hitler. Aparentemente, al menos, ya que en realidad había puesto en marcha su plan de exterminio masivo.La muestra recupera las teorías de la eugenesia y sus pioneros alemanes, así como el concepto de política familiar nazi, y deriva luego en Auschwitz y los monstruos de la clase médica, como Josef Mengele y sus experimentos letales con niños gemelos, a ser posible gitanos.Sus salas ilustran no sólo planes secretos, como el T-4 o Auschwitz, sino también campañas públicas, como los "diez mandamientos" para una buena elección del cónyuge.Algunos de los mandatos harían sonreír -"casarse sólo por amor", puesto que a mayor felicidad mejor funciona la procreación-, de no ir acompañados de otros dónde queda la intencionalidad racista: hay que elegir a un alemán o al menos un nórdico, puesto que toda mezcla de razas implica distorsión en el objetivo de pureza aria."Cuando leemos que en tal o cual clínica de EEUU se investiga para que los padres puedan seleccionar el color de piel u ojos de sus hijos deberíamos dar la alarma. No son nazis. Pero la genética actual necesita también sus límites éticos", dijo Cilly Kugelmann, directora del programa de exposiciones del Museo Judío berlinés.El cartel que ilustra la exposición muestra el catálogo del color de ojos elaborado en 1910, mucho antes de la llegada de Hitler al poder, por médicos alemanes.
EFE