EL TERRORISMO FUERA DE LAS CONVENCIONES


LAS CONVENCIONES DE GINEBRA Y LA LUCHA CONTRA EL TERRORISMO
Israel Winicki


Creo, sin temor a equivocarme, que actualmente nadie discutiría que la guerra es el peor de todos los crímenes. Es ni más ni menos que la legalización del asesinato a nivel masivo. Desde la protección de los territorios de caza hasta las guerras de conquista de la antigüedad. Desde las invasiones de tribus nómades hasta las guerras religiosas. La historia de la humanidad no ha sido otra cosa que una in-interrumpida sucesión de conflictos.
Hasta el Siglo XIX la frase “Hay de los vencidos” se mostraba en toda su crudeza como algo real y palpable. Ciudades y pueblos arrasados, mujeres violadas, habitantes esclavizados, pesados tributos sobre los derrotados, ejecución bárbara de los prisioneros, abandono de los heridos del bando perdedor. Es a finales de este siglo que comienzan a gestarse leyes destinadas a atenuar los horrores de la guerra. Uno de los primeros pasos fue la creación de la Cruz Roja por parte de Henry Dunant, quien al ver a los heridos austriacos abandonados en el campo de batalla de Solferino, organiza a las mujeres de los pueblos vecinos para atender a esas pobres víctimas. Poco a poco se fue creando una legislación que regulaba el trato a prisioneros de guerra y a la población civil

Tras la Segunda Guerra Mundial, y ante la barbarie del nazismo, toman cuerpo las Convenciones de Ginebra de 1949, destinadas a mitigar en lo posible la tragedia de la guerra.
Sin embargo esas Convenciones, que pueden ser aplicadas cuando se trata de dos ejércitos que combaten uniformados, pero ¿Qué ocurre cuando una de las fuerzas combatientes se mimetiza entre la población civil? ¿Cómo se debe actuar cuando no se puede distinguir a un terrorista de una persona inocente? Este es el dilema que a partir de la década del 60, con el auge de los movimientos guerrilleros, se vienen planteando los gobiernos. Y lamentablemente uno de los países que más sufre por esta situación es Israel.

Cuando en el 48, en el 56, en el 67 y en el 73, Israel enfrentó a los ejércitos árabes, tenía enfrente soldados uniformados. Pero al enfrentar a organizaciones terroristas, el enemigo ya no podía ser identificado. Y acá es donde Israel se enfrenta a una situación por demás difícil. Según las Convenciones de Ginebra, en caso de conflicto armado, los contendientes deben evitar los daños a la población civil, y si esto no es posible, se recomienda evitar la confrontación, ¿Y qué ocurre si el enemigo, sabiendo esto, se oculta entre la población civil y aprovecha para bombardear a civiles del otro bando, sabiendo que se amparan en las Convenciones de Ginebra? ¿Qué se debe priorizar, la seguridad de los civiles enemigos o la de los propios civiles? Hamas, en la Franja de Gaza, bombardea desde los centros poblados, desde escuelas, desde edificios, el sur de Israel. Los misiles caen en Sderot, Ashkelon, Shaar Haneguev, ciudades habitadas por civiles. ¿Israel debe responder a estos ataques en forma indiscriminada o atenerse a esas Convenciones que el adversario no respeta?

Y hay otro tema todavía, ¿Cómo debían actuar los soldados frente a un enemigo mimetizado completamente entre civiles durante la Operación Plomo Fundido? ¿Cómo debían comportarse cuando iban casa por casa sin saber donde se ocultaban los terroristas? ¿Debían entrar pidiendo permiso e interrogando uno por uno a los presentes para identificar al guerrillero o disparar directamente? Creo que para un soldado que no está enfrentando a un enemigo uniformado, sino a alguien que se oculta entre civiles, esperando el momento de disparar o lanzar un misil, la cuestión es más bien simple: “O ellos o nosotros”.

Repito lo que dije al comienzo, la guerra es un crimen, pero mayor crimen es utilizar a los civiles como escudo sin tener en cuenta el dolor que puedan provocar.

Israel Winicki
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