HOMBRE MORAL VS. FIERA INSTINTIVA
Israel Winicki


La línea que separa al HOMBRE MORAL de la FIERA INSTINTIVA es muy tenue, y en situaciones extremas o de tensión es muy posible que desaparezca. Entonces el ser criado y educado dentro de valores morales y religiosos, el ser destinado a convertirse en rey de la creación, se vuelve una fiera sedienta de sangre. Y es en la guerra cuando más podemos ver esta transformación, pues se trata de satisfacer un instinto primario de cualquier ser viviente: SOBREVIVIR.

La juventud israelí al llegar a los 18 años sabe que se verá obligada a vestir un uniforme y a empuñar un arma. Durante la instrucción, aparte de enseñarles a actuar como soldados, se les inculca normas de conducta de alto nivel moral, pues la base del judaísmo es el respeto a la vida. Y luego, la mayoría de las veces, se los envía al frente.

Y acá comienza el drama, ¿se puede ser moral frente a un enemigo despiadado? ¿Se puede seguir las pautas de conducta inculcadas en las bases de entrenamiento ante quienes secuestran a sus compañeros y después canjean sus cadáveres por terroristas? ¿En qué medida tiene validez el respeto a la vida cuando se lucha contra quienes no vacilan en escudarse en sus mujeres y niños? ¿Qué es más poderoso, el Hombre Racional, el Hombre Moral o el animal que busca sobrevivir?

Durante tres semanas los soldados de Israel enfrentaron a un enemigo mimetizado entre civiles, un enemigo que no trepida en usar ambulancias para transportar armas y hospitales y escuelas como bases. Un enemigo que desde hace tres años mantiene secuestrado a Guilad Shalit y juega con las esperanzas de la familia, exigiendo la liberación de cientos de asesinos (lamentablemente en Israel ya tenemos experiencia en estos canjes en que terminamos recibiendo cadáveres).

Y entonces algunos soldados pueden traspasar esa línea de la que hablé al comienzo. El instinto de supervivencia reemplaza a todo aquello que han aprendido desde la cuna. Quizás, al ver a esa familia, ven a los que en las calles de Gaza festejaban algún atentado exitoso o la liberación de Samir Kuntar “El Chacal de Nahariya”; quizás en ese hombre ven alguno de los que lincharon a dos soldados israelíes en Ramallah; quizás ese niño es el mismo que en una fiesta escolar de Gaza se presentó con uniforme de terrorista y habló de su esperanza de inmolarse. Entonces ese adolescente de 18 años, ese cúmulo de sueños de un futuro mejor, se transforma, como en el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y la fiera surge.

Ahora hay denuncias, denuncias que por supuesto van a ser investigadas. Va a haber culpables e inocentes. Pero en el momento de juzgar hay que tener en cuenta que a la edad en que otros chicos del mundo sueñan con el porvenir, nuestros chicos deben aprender a matar; a la edad que otros chicos del mundo planean sus estudios, sus carreras, nuestros chicos parten al frente sin saber si volverán.

Y es que son eso, chicos, chicos que enfrentan a un enemigo despiadado que bombardea sus hogares y asesina a sus familias en atentados, chicos que se ven ante la disyuntiva de disparar y matar o ser muertos. Ellos no pidieron esta guerra, como no la pidieron sus padres y sus abuelos. Pero no tienen alternativa. Están bajo presión, externamente presiona el enemigo, internamente la lucha entre el HOMBRE MORAL y la FIERA INSTINTIVA.

Fuente y distribucion: www.porisrael.org