TENSION EN EL MUNDO MUSULMAN


Las relaciones entre sunitas y chiítas van por mal camino
Ámbar Grayman
Guysen International News


La tensión aumenta en el mundo musulmán, el cual, cuando decide apoyar a Israel frente al Hamas o romper sus relaciones con Irán, es inmediatamente acusado de “traición” por los grandes líderes del extremismo, como Ossama Bin-Laden, o Hassan Nassrallah, los cuales temen que su soberanía sobre el mundo medio-oriental se debilite. El último rebelde hasta la fecha es Marruecos, país que decidió romper sus relaciones con Irán, un gran hermano de los chiítas que ahora los consideran como aliados incómodos…

Este sábado 14 de marzo, la cadena qatari Al-Jazeera difundió un nuevo mensaje de audio de Ossama Bin-Laden en el que denunciaba las “complicidades” de algunos países árabes con Israel y sus aliados.

“Queda claro que algunos dirigentes árabes fueron cómplices de la alianza cruzada y sionista (en la guerra) contra nuestro pueblo (en Gaza). Son los dirigentes de los países quienes América llama moderados”, increpa, señalando a Egipto y a Arabia Saudí, los cuales se opusieron al Hamas, al contrario que Qatar y Siria, durante la guerra de Gaza los pasados meses de diciembre y enero.

“El holocausto de Gaza, después de un largo bloqueo es un acontecimiento histórico importante, que requiere una ruptura entre los musulmanes y los hipócritas. Es necesario realizar una acción seria y preparar la Yihad para hacer valer los derechos (de los Palestinos) y es necesario renegar del que fue cómplice de los enemigos contra nuestro pueblo (en Gaza)”, declara en su mensaje.

Sin citar una sola vez explícitamente al Hamas, Ossama Bin-Laden explica que “el camino para la liberación de Gaza necesita verdaderos dirigentes, sinceros, independientes, honestos y que estén a la altura de estos acontecimientos”.

Hasta propone crear “un Comité de orientación con sucursales en los países musulmanes”.

Una acusación que se produce en el momento en que las relaciones entre Sunitas y Chiítas por una parte, y entre los países musulmanes moderados y más extremistas, por la otra, son cada vez más tensas.

Durante la guerra en la Franja de Gaza, muchos especialistas de Oriente Próximo habían notado el silencio (véase el apoyo) de algunos Estados a la operación israelí. Es necesario decir que el Hamas y sus ambiciones son poco apreciadas por países como Jordania y Egipto.

“Egipto durante mucho tiempo lo advirtió, el que se niega a escuchar las advertencias debe asumir sus responsabilidades”, así lo había declarado Ahmed Aboul Gheit, el jefe de la diplomacia egipcia el pasado 27 de diciembre, horas después del principio de la operación “Plomo Fundido”.

Por otra parte, la decisión del Presidente egipcio Hosni Moubarak de dejar su frontera cerrada con la Franja de Gaza condujo a varios países árabes a condenar su actitud, considerando que “colaboraba” con el sitio de Gaza.

El Cairo había propuesto dejar entrar en Egipto a los heridos palestinos para que fueran cuidados, pero el Hamas había declinado esta oferta y esto, al mismo tiempo que los hospitales de Gaza estaban saturados y mal equipados.

En Ammán, la cólera de los diputados durante la operación israelí había sido retenida por Abdul Hadi Majali, el Presidente de la Cámara, que había considerado que “Jordania debe ser realista y dar al Gobierno el tiempo necesario antes de llevar a cabo una acción”.

Una actitud que había impulsado a varias organizaciones de estudiantes iraníes radicales a amenazar con ocupar la embajada del reino hashemíta en Teherán a menos que Jordania denunciara la “masacre israelí” en la Franja de Gaza.

Con el final de la guerra, se habría podido pensar en el apaciguamiento de las tensiones pero no fue este el caso. Y esta vez, es el expediente iraní el que exacerbó las sensibilidades.

El 6 de marzo, Marruecos anunció que rompía sus relaciones diplomáticas con Teherán. Rabat acusó al régimen de los mullahs de intervenir en sus asuntos interiores, intentando, en particular, extender el islam chiíta en el reino.

El Ministerio iraní de Asuntos Exteriores se declaró sorprendido y rechazó las acusaciones de Marruecos, según las cuales Irán se metía en sus asuntos interiores.

“No pienso que sea un problema serio… no es necesario considerarlo como el resultado de malas intenciones que perjudicarían a los intereses del mundo musulmán y a las relaciones positivas y de fraternidad entre los países musulmanes”, afirmó.

Una fraternidad que se ha vuelto imposible, y esto por 3 razones, según Rabat: el apoyo de Irán a facciones independentistas del Sahara occidental, las tentativas desplegadas por Irán para fomentar a los sunitas marroquíes a adoptar la fe chiíta, y por fin las afirmaciones polémicas hechas sobre la soberanía del reino de Bahrein.

Este último es un país aliado a Marruecos, dirigido por una élite sunita, pero cuya mayoría chiíta mantiene estrechos vínculos con Teherán.

Hay que señalar que la religión es un tema muy sensible en Marruecos del cual el soberano es el único dirigente musulmán que posee el doble título de jefe de Estado y de “Comendador de creyentes”.

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