70 AÑOS DESPUES


AVNER SHALEV: «Los aliados querían ganar la guerra, sólo se ocuparon de los judíos al final»
SAL EMERGUI
ESPECIAL PARA EL MUNDO
JERUSALEM

EL HOLOCAUSTO. Al menos seis millones de judíos fueron exterminados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Según Avner Shalev, quien reprocha la inicial pasividad aliada, nunca antes se habían producido tantas víctimas civiles en una guerra
Hay pocos lugares en el mundo donde hablar de la II Guerra Mundial tenga tanta trascendencia como en el Museo del Holocausto de Jerusalén. La Shoa es un acontecimiento histórico de proporciones descomunales que no puede entenderse sin ese trágico conflicto. Y viceversa. El director del museo, Avner Shalev, expone sus reflexiones durante dos horas para explicar -o al menos intentarlo- las consecuencias del Holocausto en el pueblo judío, la actitud alemana y europea ante el exterminio y el destino de la guerra.
Pregunta.- ¿Cree que sin la II Guerra Mundial Adolf Hitler hubiera podido llevar a cabo su plan de exterminio? ¿O quizás sin el Holocausto no hubiera habido conflicto?
Respuesta.- Sin la guerra, no hubiera sido posible un genocidio de tales dimensiones. Así de claro. Hitler aprovechó la guerra y el caos general para llevar a cabo el genocidio. De otra forma no hubiera podido matar ni al medio millón de judíos que vivían en su país, a los que hubiera detenido y expulsado. La II Guerra Mundial es una debacle de la Humanidad. Fue atroz por el ataque brutal contra los civiles. Las guerras en los últimos siglos no estaban destinadas contra la población civil. En la I Guerra Mundial, la mayoría de los muertos cayeron en el frente. Hitler atacó de forma deliberada y salvaje a la población civil del país enemigo para romper su moral y conseguir una victoria rápida. Hasta 1941 humilló a los judíos, les concentró en guetos, les mató de hambre y enfermedades, arrebatándoles todos los derechos. Asesinaban a los judíos, pero no había genocidio. En 1941, con la invasión de la Unión Soviética y la transformación en guerra mundial, sus asesinatos se convirtieron en Holocausto. Hitler consideraba que su guerra más importante era contra los judíos. En sus últimos días, presumía de que, aunque perdieron, gran parte de sus objetivos en la guerra contra los judíos fueron cumplidos.

P.- ¿Cuáles fueron las causas que permitieron que se cumpliera tal atrocidad?
R.- Hay que ir al contexto europeo. El primer motivo es el antisemitismo reinante que nació de un odio enorme y continuo hacia los judíos, vistos como un ser extraño y diferente que se resiste a asimilarse e integrarse en la religión dominante, principalmente el cristianismo. La intención no era matar al judío, pero sí humillarle y hacerle ver que es un ser inferior. De forma absurda, cuando llegó la modernidad que luchaba contra la Iglesia y promovía la emancipación y la igualdad, en Alemania y Francia los movimientos laicos nacionalistas siguieron tratando al judío como un ser extraño.
Luego, hay dos fenómenos más. Por un lado, surgió un antisemitismo moderno, basado en el racismo y la ignorancia, que defiende que el judaísmo es una raza, no una cultura, una religión, una historia o un pueblo. Una gran estupidez científica. Y el otro factor fue la filosofía nazi de Hitler, que consideraba a los alemanes como una raza y a los judíos como otra inferior que debían eliminar. Hitler puso en práctica su teoría. Alemania era un régimen totalitario y en sistemas no democráticos es más fácil asesinar en masa. ¿Cómo pudo ocurrir precisamente cuando la modernidad se imponía? Es una pregunta que siempre perseguirá a Europa y al mundo. Nos desarrollamos científica y tecnológicamente, pero ¿qué pasa con la ética?

P.- ¿Hasta qué punto alemanes y europeos eran conscientes de lo que sucedía, del asesinato de seis millones de judíos?
R.- Por supuesto que los alemanes lo sabían. Decenas de miles participaron en el genocidio. Quizás no les gustaba verlo, pero eran conscientes de lo que pasaba. Los pueblos modernos debemos asumir responsabilidades históricas. Entender cómo fue posible el Holocausto para que no vuelva a pasar y luchar por nuestros valores. Lo dijo aquí el Papa Juan Pablo II y, en cierta forma, lo repitió Benedicto XVI: «Debemos recordar el Holocausto no sólo por ser un genocidio terrible y por identificarnos con el sufrimiento de los judíos, sino porque es una desviación de nuestra fe». La Iglesia no ordenó matar a judíos, aunque ciertamente creó un ambiente de odio contra ellos.
Europa exhibió pasividad e indiferencia ante el genocidio. Desde apoyarlo directamente hasta mirar a otro lado. Hubo colaboración administrativa de aquellos que no querían judíos en su país. ¿Quién detuvo a los judíos en Holanda? La policía holandesa. ¿Y en Francia? Los franceses. En Alemania, tu vecino judío al que conoces desde siempre es detenido y se lo llevan. ¿Y tú no preguntas? ¿A dónde se lo llevan? ¿Qué van a hacer con él? ¿No haces nada? Hubo evidentemente casos de heroísmo, pero a nivel colectivo sólo hubo dos ejemplos de resistencia: Bulgaria y Dinamarca, que evitaron que cogieran a los judíos que vivían allí. En Bélgica consiguieron exterminar al 34% de los judíos. En Holanda, al 75% y en Francia, a más del 20%.

P.- Se ha escrito mucho sobre la «obsesión» de Hitler hacia los judíos...
R.- Perdone, pero no era una obsesión, sino su ideología. Para los alemanes, era muy cómodo decir que era algo personal y obsesivo de Hitler y así quitarse responsabilidades. El Holocausto no fue el resultado de la obsesión de un solo hombre. Hitler era un líder que obtuvo el apoyo de todo un país, de casi todas las capas de la sociedad alemana. Jueces, militares, la Iglesia, los sindicatos, los industriales, las organizaciones femeninas… Tras la invasión de Polonia, muchos oficiales de las SS presionaron a Hitler para llevar a cabo el genocidio. Le dijeron que era una oportunidad de poner en práctica su ideología. Hitler encabezó la idea de forma obsesiva, pero fue algo general. Cuando intentaron matarle no fue por el tema judío sino porque temían que fuera a destrozar Alemania.

P.- ¿Hubiera existido el Estado de Israel sin el Holocausto?
R.- La respuesta es un sí rotundo. No tengo dudas. Hay dos asuntos decisivos que lo justifican. En el siglo XX y tras la I Guerra Mundial, los movimientos nacionalistas tuvieron el reconocimiento del derecho de los pueblos a organizar sus vidas en un marco nacional, político y estatal. Este derecho también sirve para el pueblo judío. Solamente aquél que considera a los judíos únicamente como un grupo religioso y no como grupo nacional no entiende que el mismo derecho básico que tiene el pueblo español o francés lo tiene el pueblo judío. Es cierto que fue una solución para los supervivientes del Holocausto, pero la Shoa no es la razón principal de la creación del Estado de Israel.
La II Guerra Mundial y el Holocausto cercenaron la posibilidad de muchas personas que potencialmente podían venir a esta tierra, es decir, los judíos de Europa Central y Oriental. Por ejemplo, los 3,3 millones de Polonia vivían bajo un terrible antisemitismo y, pese a que contribuyeron a la cultura, la sociedad y la economía de su país, sintieron que la solución era la tierra de Israel. En los inicios de los años 30 hubo grandes oleadas migratorias desde Polonia, Rumania, Hungría. Pero el Holocausto eliminó a casi tres millones de judíos de Polonia.
La decisión de Naciones Unidas de dividir esta tierra en un Estado judío y otro árabe no viene del Holocausto. Los países que apoyaron la resolución de partición, así como los que se negaron, lo hicieron por intereses pragmáticos. Nadie hizo un favor a nadie. Si la URSS la apoyó fue para expulsar el colonialismo británico de esta zona, pensando que la entidad sionista con bases socialistas sería un aliado suyo. Cuando en los medios de comunicación se dice que Israel nació debido al Holocausto es propaganda. Es una línea de pensamiento cómoda en especial para los árabes que vienen a decir: «Ustedes los europeos cometieron un crimen, ¿por qué nosotros debemos pagar el precio?». Mentira. Europa no hizo ninguna concesión.

P.- ¿Si hubiera existido el Estado de Israel, habría sido posible la Shoa?
R.- Es una pregunta difícil. Hipotéticamente, el Holocausto hubiera sido más reducido y muchos menos judíos hubieran sido asesinados, ya que habría habido un lugar dispuesto a acogerles. Hitler promovió la idea de eliminar a los judíos creando una falsa guerra de razas. Ellos eran la raza superior y los judíos les molestaban en su plan de convertir Europa en una zona de supremacía aria. Pero si todos los judíos se hubieran venido aquí, a un país no europeo, no le hubiera importado a Hitler, a menos que también quisiera ocupar este país.

P.- ¿Y Stalin? ¿Cuál fue su relación hacia el Holocausto y hacia los judíos?
R.- La comparación entre ambos es una manipulación. La única cosa en común era que los dos asesinaron. Stalin era un dictador que mató principalmente a los opositores de su régimen. La mayoría eran rusos. Quería imponer por la fuerza su concepción comunista. No mató a judíos por ser judíos. Muchos lucharon heroicamente en el Ejército Rojo, donde murió más de medio millón de judíos. La brutalidad rusa bajo el régimen de Stalin debe ser estudiada aparte del Holocausto perpetrado por los nazis.

P.- ¿Cuál fue el papel de las potencias que lucharon contra Alemania?
R.- Conocían el sufrimiento de los judíos a manos de los nazis, en especial desde 1942. Roosevelt dijo: «Venceremos la guerra y acabaremos el genocidio». La idea general de las potencias era ganar el conflicto, con prioridad sobre la cuestión judía, pese a las dimensiones de la barbarie. El caso más llamativo es la decisión de no bombardear Auschwitz. Quizás si hubieran bombardeado las líneas ferroviarias camino a Auschwitz, decenas de miles de personas se hubieran salvado. No dedicaron mucho esfuerzo en pensar en cómo salvar a judíos. Hitler decía que los judíos estaban detrás del capitalismo y el comunismo. Plantearon la guerra más justa que se podía hacer. Si las potencias occidentales hubieran dicho que su objetivo era salvar a judíos, la guerra no hubiera sido tan bien vista. Sólo a partir de 1944 intentaron seriamente salvar a judíos.

P.- ¿Cree que fue suficiente el castigo a los responsables nazis?
R.- No. Con un crimen tan masivo y salvaje como el Holocausto, el castigo nunca es suficiente. Hubo posturas diferentes. La URSS juzgó y mató a responsables nazis, oficiales de campos de exterminio y asesinos. En los juicios de Nuremberg contra el nazismo, la cuestión judía prácticamente no estuvo presente. Los principales juicios contra dirigentes nazis se dieron en los años 60. El de Eichmann fue fundamental para despertar la conciencia mundial. La guerra fría permitió que muchos nazis se escaparan principalmente a Sudamérica. A fin de cuentas, se pensó que Europa no podía construirse con un justo y agresivo ajuste de cuentas contra los criminales nazis. Se creía que había que impulsar la democrática Alemania.

P.- ¿Cuál fue el papel de España?
R.- España, que no participó directamente en la guerra, no persiguió a los judíos. Lo que sí hizo fue no permitirles al principio entrar o cruzar el país y huir del genocidio, salvo algún caso aislado. Como Suiza y otros países, cerró sus fronteras. En los años 1940 y 1941 Franco ordenó a la Guardia Civil no dejar a nadie entrar debido a su posición pro alemana. No quería tener problemas con Hitler. Pero, a partir de 1943, las potencias occidentales, en especial el Reino Unido, le hicieron entender que, de cara a la posguerra, no era inteligente su postura. En ese momento, su política cambió y ordenó hacer la vista gorda. Entraron miles de judíos que pudieron viajar hacia América.
Suiza, en cambio, detuvo en su frontera a los judíos que quisieron refugiarse allí. Les echaron a la muerte. Los judíos que sí consiguieron entrar en España no fueron devueltos en su mayor parte. Italia también era un país fascista, pero no quería matar a judíos. Mussolini no los entregó hasta casi el final del conflicto. Solamente cuando los alemanes ocuparon parte de Italia, en 1943, los judíos fueron asesinados.
P.- ¿Sería hoy posible un nuevo Holocausto contra los judíos?
R.- No, porque existe Israel con un Ejército poderoso. Pero teóricamente todo puede repetirse. No hay medicina para evitarlo.

*AVNER SHALEV. Director del Museo del Holocausto en Jerusalén
Desde 1993, es el director de una de las instituciones más respetadas y visitadas de Israel, el Museo del Holocausto de Jerusalén, la ciudad en la que nació en 1939. Es el primer director que no sufrió la Shoa en sus carnes, aunque sus abuelos y varios primos fueron exterminados por la maquinaria nazi en Polonia. En 1956, Shalev inició una importante carrera militar que terminó en 1980 con el rango de general de brigada. Fue herido de gravedad en la guerra de 1967 y durante la de Yom Kipur, en 1973, fue el jefe de la oficina del máximo responsable del Ejército, David Elazar. Sin embargo, Shalev es conocido por su larga trayectoria como jefe del departamento militar de Educación. Al volver a la vida civil, fue nombrado director general del Ministerio de Educación. Shalev es el responsable de la profunda remodelación del Museo del Holocausto -62 millones de documentos y 100 hectáreas de extensión- con la ayuda de las últimas tecnologías. Ha sido el anfitrión de las históricas visitas al Museo de los dos últimos papas y de todos los líderes mundiales desde hace dos décadas. Afirma sentirse un «privilegiado» por haber recibido importantes premios internacionales como la Legión de Honor de Francia o el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

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