EL RINCON DE MOSHE YANAI


Aclarando posiciones
Quisiera comentar el editorial de un diario español que, francamente, me ha sorprendido. Lo que ha dado lugar a que expresara algunas consideraciones sobre el modo de poder solucionar el problema que tanto nos afecta.
por Moshe Yanai

Siguiendo la reunión celebrada el martes en Nueva York, en la que el dirigente palestino se vio constreñido a renunciar a su proverbial intransigencia, y tuvo que reunirse con el Primer Ministro Biniamín Netaniahu, el director de La Vanguardia dedicó el editorial del día siguiente al tema, bajo el título “Esa hora de avanzar”. Por una vez tal vez, el señor José Antich contempla la situación bajo un lente bien graduado, y reconoce de hecho que si no hay paz entre israelíes y árabes, ello se debe fundamentalmente a los errores cometidos por los palestinos. En otras palabras, el distinguido periodista insinúa que el otro lado no ha desperdiciado ninguna oportunidad para desperdiciar cualquier oportunidad que se le presentare de llegar a un acuerdo, como lo dijera el inolvidable Abba Eban.
Pero avanzar cómo. Si los palestinos no se mueven, no hay nada que hacer. Si no ven el cariz real de la situación, no habrá paz que valga. Nadie nos puede obligar a aceptar ciertas condiciones que serían un suicidio nacional. Para poner en claro nuestra posición, he considerado oportuno dirigirme al conocido y respetado diario en los siguientes términos:

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“Tiene toda la razón el director de “La Vanguardia”, cuando en su editorial del miércoles escribe que “Es hora de avanzar” en la solución del conflicto del Medio Oriente. También acierta al afirmar que “el tantas veces fallido proceso de paz”, obedece a los errores cometidos por la “otra parte”, que reconoce ha sido “fundamentalmente” la palestina. No se puede ignorar una premisa fundamental: Israel ha sido creado para ser la patria del pueblo judío. Respetando a la minoría que habita sus confines, pero sin renunciar a su carácter propio, que es intrínsico de él.
Pero ahora esperamos que los palestinos han de comprender, de una vez por todas, que hay ciertas líneas rojas en esa negociación que todos esperamos celebrar. Se ha de mantener el carácter judío de ese país, como nadie discute que Egipto, Siria, El Líbano o Jordania sea países árabes, con una que otra minoría. Israel ha sido creado para los dispersos, que han regresado a su terruño ancestral porque el mundo no los ha aceptado y los ha perseguido, humillado y asesinado a través de los siglos. Tampoco se puede poner en tela de juicio la preeminencia judía de Jerusalén, respetando los lugares santos de otras religiones, como bien lo ha demostrado este país en los últimos 42 años. Asimismo, no se puede hablar del retorno de unos refugiados, que no fueron integrados en los países árabes y siguen teniendo una miserable existencia adrede, para torpedear la existencia de Israel. Y por fin, este país ganó varias guerras de aniquilación en las que se derramó tanta sangre y tiene el derecho de corregir la anomalía del precario territorio que se le había asignado. De modo que, por lo menos, los grupos de asentamientos creados en Judea y Samaria han de seguir bajo la soberanía israelí, aunque tal vez renunciando a otros territorios en donde la mayoría es árabe.
Se debe comprender que esas condiciones no pueden ser discutidas. Israel es un diminuto país frente a las vastas extensiones del mundo árabe, y no se puede pretender que renuncie a sus intereses vitales. Y cuando digo esto, no me refiero a ninguna aspiración expansionista. Sencillamente, en ello reside la garantía de su existencia como nación. De otro modo, dejaría de existir”.
Desde luego que a lo que antecede hay que agregar una serie de problemas a resolver, como el régimen terrorista de Gaza, la desmilitarización del nuevo Estado palestino, y la normalización de las relaciones con el mundo árabe. Todas ellas son cuestiones de peso, pero estimo que si se abre una brecha en la intransigencia árabe, se podrá de algún modo allanar esos obstáculos.
Por otra parte, estimo que las ideas indicadas previamente son compartidas por la abrumadora mayoría de los israelíes, aunque implican concesiones de un territorio que, en teoría nos pertenece, pero no está en nuestras manos conseguirlo. No sé si el presente Gobierno estaría dispuesto a modificar posiciones hasta tal punto, pero creo que si el otro lado diese prueba de mayor buena voluntad, se encontraría el medio de concertar un acuerdo.

Moshé Yanai