GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: TESTIMONIOS


SI, FUIMOS EXPULSADOS

Las investigaciones de una periodista gaditana han confirmado algo que suponíamos pero desconocíamos. España expulsó oficialmente a un grupo de judíos considerados indeseables, con toda seguridad por el mero hecho de ser tales. Entre ellos figuraba mi padre y mi tío.
Me he referido en varias ocasiones a la historia de mi familia, que tuvo que abandonar España en enero de 1944, para que mi padre fuera liberado de su largo internamiento en campos de concentración hispanos. Nunca fue acusado de nada ni tampoco compareció ante juzgado alguno. Se nos infirió, por boca de terceros, que si encontrara algún país que lo aceptara, sería liberado. Pero durante el Holocausto el mundo cerró sus puertas a los contados que pudieron huir del infierno nazi. Así transcurrieron meses y meses de confinamiento, hasta que finalmente por intermedio de la JOINT, y de su representante en Barcelona Samuel Sequerra, mi padre y mi tío Alberto fueron liberados y logramos llegar a Haifa a bordo del barco portugués “Nyassa”.
Hay quienes, incluso en Israel, han puesto en tela de juicio mis memorias y han insistido en que Franco, por muy dictador que fuera, de hecho habría sido un benefactor de los judíos en los días aciagos del Holocausto. Me han discutido mi aseveración de que mi padre no actuó en partido alguno durante la Guerra Civil, y que a todas luces fue detenido e internado por el mero hecho de ser judío. Pero si hubiera actuado en las filas republicanas, seguramente habría sido fusilado, como fue el fin de tantos españoles que lucharon por la libertad. Por lo tanto, su detención en Miranda de Ebro y Nanclares de la Oca se debió posiblemente al hecho que, a ojos de las autoridades franquistas, era un apátrida indeseable. Y seguramente habría por en medio una denuncia de algún comerciante de tendencia falangista, a quien papá le habría hecho la competencia con su pequeña industria corbatera.
A fines de julio se puso en contacto conmigo una periodista española, Pilar Vera, de El Diario de Cádiz. Me dijo que le intrigaba el hecho que no hubiera encontrado confirmación de que un grupo de 560 refugiados judíos, se habían embarcado a fines de enero del ’44 en el barco “Nyassa” en ese puerto andaluz, y llegado el 1º de febrero a Haifa. Le parecía muy raro que “en la ciudad no sólo no hay ni el más mínimo recuerdo o referencia a este hecho, sino que en nuestra hemeroteca tampoco existen registros”.
Tuvimos un intercambio de correspondencia y el domingo, 30 de agosto, publicó un amplio reportaje ilustrado sobre el tema: “La huida silenciosa”. Me tomo la libertad de citar algunos párrafos de este interesante artículo, que se puede hoy leer por medio de Google.
Después de referirse al arresto de mi padre en Barcelona en diciembre de 1940, pasa a nuestro viaje hacia Palestina y señala que un grupo de centenares de refugiados judíos, recorrió los mil kilómetros que separan a la capital catalana del puerto gaditano en un tren especial. No supe decirle exactamente dónde nos hospedamos, pero en base a lo que pudo averiguar, se trataría del Hotel Playa que fue especialmente acondicionado para acoger a tantas personas. Allí –agrega- esperaron la llegada de su padre y su tío materno, que llegaron con escolta policial directamente del campo de concentración, y señala que el jefe de la policía local permitió que los presos se reunieran con sus familias, a condición de presentarse a diario en la comisaría de policía.
Pilar Vera revela que “el Director General de Seguridad en Madrid envía al El 22 de enero de 1944, el Director General de Seguridad en Madrid envía al Gobernador Civil en Cádiz, Ricardo Zamora, un telegrama con una lista de 'apátridas', conservado en el Archivo Histórico Provincial: ‘Irán en expedición que saldrá próximamente de este puerto -señala la nota-. Ruégole compruebe salida, dándome cuenta’.
”La lista de apátridas la conformaban Marcel Josef Gildrert, Selbart Berec Frida, José Hogge Hayon, José Palomo Sagués, Jacob Gutchein, Max Gutchein Balsan, Jacomo Benffrain, José Isidoro Balu Kerbes, Rudolf Heymann y Alberto Adjiman Galimidi. Ocho de ellos tenían en común haber nacido fuera de España. La mayor parte, eran originarios de Europa Central. No se hace mención -aunque resulta evidente- a su condición hebrea.
”Cuatro días después, el comisario jefe notifica su partida. La siguiente noticia que se tiene del ‘Nyassa’ es su llegada ‘sin novedad al puerto de Haifa con 900 refugiados judíos’.
”Al día siguiente, desde el Gobierno a la Subdelegación Provincial se emiten cinco telegramas señalando, cada uno, a dos nombres de la lista: "Prohíbase la entrada en España, aunque traigan documentación en regla, a los súbditos extranjeros Josef Palomo Sagues, de 37 años, hijo de Mauricio y Sara, natural de Bruyrquía, (quiere decir Brusa, Turquía) y Rudolf Heymann, de 42 años, hijo de Luis y Betty, natural de Hamburgo (Alemania). Expulsados del territorio nacional".
”La orden de expulsión ni siquiera era conocida, hasta ahora, por el propio Moshé Yanai, residente en Ramat Hasharón: ‘Suponíamos que nuestra familia había sido expulsada, pero nunca se nos dijo nada sobre el particular. Siempre fue un misterio el modo como las autoridades franquistas se portaron con nosotros’, comenta.
”Por qué las autoridades esperaron a su llegada a Oriente Medio para expatriarlos es un misterio”, afirma la periodista. Y agrega: “O tal vez, no tanto”. Y explica:
”En 1944, la contienda mundial se inclinaba ya favorablemente del lado de los Aliados. Y aunque el discurso oficial del Régimen franquista era marcadamente anti-israelita, su rechazo a lo judío iba siempre por detrás de la repulsa hacia las "actividades sociales masónicas y comunes" (comunistas), que sí eran perseguidas con tintes de neurosis.
”El mismo Moshé Yanai sostiene que, desde luego, Franco quería que España fuera un Estado libre de presencia judía pero que la actitud del Gobierno español en esa época contribuyó a salvar las vidas de numerosos judíos: ‘Algo que se comenta mucho aquí, en Israel -explica-. Una conocida mía de origen holandés, que estuvo con Anna Frank en el campo de concentración de Bergen Belsen, y luego fue una de los refugiados del famoso barco Éxodo, me decía el otro día que, al menos, España se portó mejor que Suiza, que enviaba de vuelta a Alemania a aquellos judíos que hubieran cruzado ilegalmente la frontera’.
No deja de intrigarle a la citada periodista el hecho que la noticia no fuera difundida. “Las referencias que pueden encontrarse tanto en los comunicados de la agencia Efe como en La Vanguardia omiten que el “Nyassa hiciera escala en ningún puerto español”. Y agrega que en el puerto no existe constancia de que el vapor portugués hubiese fondeado en Cádiz, para acoger a los refugiados llegados de Barcelona, Madrid y los campos de concentración.
“El paso de los refugiados del ‘Nyassa’ por la capital gaditana entraña una curiosa mezcla de oficialismo y ocultación. La llegada y tránsito del contingente judío fueron perfectamente controlados. El lugar escogido para su estancia –según la hemeroteca- estaba en el extrarradio de la ciudad. El buque que los llevaba a Haifa zarpó de madrugada. Las noticias que se refieren a su caso nadan en la indefinición. Y no queda señal de su presencia en el imaginario colectivo.
Pilar Vera se refiere a la conversación que habría mantenido con un judío local. "Aquí, en Cádiz, no hubo guerra -explica Fernando Rodríguez, de la Asociación Tarbut Sefarad Cádiz-, pero la represión fue brutal. Y no sólo eran pocos los que se atrevían a mostrar sus simpatías hacia los judíos, sino que entre los mismos judíos apenas se atrevían a significarse".
"Actualmente es muy distinto -continúa-.Cuando trajimos a Adolfo Roitman, por ejemplo, pudo hablar en Filosofía y Letras como lo más normal del mundo... pero era la primera intervención pública de un rabino en Cádiz en siglos. Respecto al tema judío, hasta hace poco, ha imperado en esta sociedad la ley del miedo, del silencio". Y termina señalando:
”Silencio y olvido. No hay mejores armas”.
Para terminar, mi mayor agradecimiento a esa despierta periodista que supo descifrar un secreto que nos ha tenido intrigados durante décadas. Ahora sabemos a ciencia cierta, que fuimos expulsados de España en la época franquista. Éramos personas no gratas. Pero nosotros en Israel, seguimos con nuestra vida normal.