Tertsch le lee la cartilla a Pedro J. y sus censuradores muchachos.

Después del vergonzoso espectáculo que ofreció El Mundo la semana pasada al hacer pública, poniendo de manifiesto el nihilismo estúpido disfrazado de “liberalismo” del periódico, una carta privada que el embajador de Israel había dirigido al periódico protestando porque diera cabida en el reportaje de conmemoración de los 70 años de invasión de Polonia a un negacionista, David Irving, (Irving, entre otras lindezas, niega, cual alianzador amiguito de los progres, Ahmadineyah, el Holocausto) y hacerla, pública en una nueva muestra de lo que entienden los de Pedro J por deontología profesional, sólo parcialmente, o sea, censurada, además de ponerse chulos con el embajador, al cual contestaron repartiendo moralina digna de El Plural, Hermann Tertsch no se corta.
Unas pocas líneas para expresarle mi indignación y mi repugnancia hacia las infames palabras de David Irving y hacia el hecho de que Usted se haya hecho portavoz de las mismas. No intente hacernos pasar por libertad de impresión lo que sólo es un insulto continuado a las víctimas del Holocausto, “los judíos inocentes “que dice el Irving como si hubiera responsabilidad propia parte de los millones de seres humanos que perecieron. Y una banalización del crimen como jamás había leído en ninguna publicación no abiertamente neonazi. Véase la joya “el Holocausto es como un Kleenex”.
O que su entrevistador colabore en el resultado final al preguntarle si piensa que el Holocausto, el acto único en la historia del genocidio industrial, que quebró la comprensión misma de la esencia del hombre es un hecho que “sólo merecerá un pie de página” en los libros de historia. O el anuncio de que las calles y plazas de Alemania volverán a llevar el hombre de Adolfo Hitler en un futuro tras ser rehabilitado por la historia. Desde luego, en varios países con seria tradición democrática, la basura que Usted ha publicado hoy habría sido retirada de los quioscos por orden de la fiscalía.
Y tanto Irving como el responsable de la publicación, es decir Usted, serían llamados en los próximos días a los tribunales. Aquí no sucederá porque seguimos siendo un país anómalo. Me resulta difícil pensar que, en casos que no tienen comparación, Usted hubiera publicado las afirmaciones de un señor que distinguiera entre víctimas inocentes y culpables de unos asesinos de ETA.
Pero el Holocausto y los judíos siempre están bien para llenar una página de domingo. Algo habrían hecho. O que hubiera dado dos páginas a un pederasta para explicar la satisfacción de violar a bebés o la lógica que semejante acto esconde. Aquí concluyo sin dejar de decirle que espero que tanto Irving como Usted paguen de alguna forma la infamia que esa entrevista y su publicación constituyen.
Respetuosamente Hermann Tertsch


Yo disiento en la petición de que retiren la basura de los quioscos, cosa que sucedería, sin duda alguna, en, por ejemplo, Gran Bretaña. Y es que el papel no todo lo aguanta. Pero, ya digo, a mí no me gustaría que la Fiscalía retirase El Mundo de los quioscos. Al revés: señalaría la infamia. Que se sepa a qué se dedica este periódico.
Pero comparto plenamente que El Mundo, que se ha hecho portavoz del neonazi Irving y de su banalización del Holocausto, es basura. Lo cierto es que ya hacía tiempo que tenía claro que El Mundo es infumable.
El que lleva la sección de Internacional de dicho periódico, por quien dejé hace ya cuatro o cinco años de comprar dicho periódico, cuya identidad desconozco y de quien no sé si es quien decidió censurar -no es la primera vez- la carta del embajador israelí y además ponerse chulo, es, además de malo, antisemita y antiliberal. Será algun progre. Pues esta vez sí, lo ha conseguido. Ha superado a “El País” . Es más, ha quedado a la altura de cualquier libelo de la librería Europa Vomitivo. Asqueroso.

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La carta del embajador de Israel En España íntegra.

Madrid, 31 de agosto de 2009

Sr. D. Pedro J. Ramírez
Director
El Mundo
Madrid

Estimado Sr. D. Pedro J. Ramírez,

En la edición de El Mundo del 30 de agosto se anunciaba la publicación esta semana de una serie de entrevistas a varios destacados especialistas conmemorando el 70 aniversario del inicio de la segunda guerra mundial. Lamentablemente, han encontrado apropiado incluir entre los entrevistados al negacionista del Holocausto David Irving. Es cierto que indicaban que sus opiniones “ofenderán a muchos” pero el problema no es la ofensa o la polémica, sino la ausencia de cualquier referente moral, histórico y ético por parte de quien ha tomado la decisión de entrevistar a Irving junto a importantes expertos en la materia. La decisión responde a una postura que pone al mismo nivel las palabras de acreditados historiadores e intelectuales y las de un charlatán falsificador criminal que cumplió una pena de prisión en Austria.
Uno de los fenómenos perversos relacionados con el llamado post-modernismo es la falta de voluntad, que lleva a la pérdida de la capacidad de diferenciar entre la verdad y la mentira, lo importante y lo superfluo, lo alto y lo bajo. Ya no hay una verdad, solamente existen narrativas. No hay jerarquía, todo está al mismo nivel moral. Todo está en el mismo nivel ético: el asesino y su víctima, el sabio y el ignorante, la ópera de Mozart y el último engendro de la música pop. No ha de extrañar, pues, que desde esta perspectiva, los valores éticos fundamentales se tambaleen y resulte difícil identificar los valores auténticos en el océano de basura que los rodea.
Un acompañante de este clima venenoso es la estereotipada multiculturalidad; puesto que si no hay jerarquía, estaremos obligados a aceptar lo diferente, “el otro” (término cliché en este contexto). Ya sabemos de azafatas de líneas aéreas europeas obligadas a cubrirse el rostro en algunos aeropuertos, y no parece lejano el día –o quizás ya ha llegado– en que algún “liberal” se levante exigiéndonos aceptar la poligamia, la ablación del clítoris o la lapidación de las adúlteras. ¿Quiénes somos nosotros para fijar qué es bueno y qué es malo?
No. Aquí no estamos ante un caso en el que pueda invocarse el derecho a la libertad de expresión. El único derecho que no está limitado es el derecho a la vida. Para la libertad de expresión hay (y debe de haber límites). Estoy convencido de que para usted también los hay, y que ciertas cosas no las publicaría.
Por lo tanto, la desafortunada decisión de entrevistar al criminal Irving no puede justificarse en nombre de la libertad de expresión; sólo es reflejo de la falta de ética por parte de su responsable, de su desprecio a los lectores, a los otros entrevistados y, obviamente, al propio diario. No es más que una provocación barata en la línea del peor sensacionalismo.
Le agradecería que anulara la decisión de publicarla.
Atentamente,
Raphael Schutz
Embajador de Israel