LUCHADORES


El último mohícano
por Natalio Steiner

El antisionismo , en todas sus expresiones, es un fenómeno que me causa escozor. Mucho más cuando proviene de judíos . Creo que se trata de personas con cierta dificultad para comprender la realidad o aprender de las lecciones de la historia.
La justificación del sionismo esta anudada en el derecho histórico y natural de los judíos de vivir en su territorio soberano, derecho que se encuentra engarzado en las fuentes bíblico-talmúdicas. El sionismo político surgió bastante antes que el Holocausto y su existencia se justifica aún sin esta hecatombe. Sin embargo la Shoa ha sido la prueba decisiva acerca de la necesidad imperiosa de la existencia de un estado judío soberano en Israel. Por eso es que resulta aún más dificil entender al antisionismo judío cuando el mismo proviene de un sobreviviente del Holocausto.
Marek Edelman ( z"l), uno de los más importantes líderes de la revuelta del guetto de Varsovia, falleció hace poco tiempo a los 90 años de edad. El negó el sionismo desde su infancia y se apegó,lamentablemente, a su rechazo hasta el último día de su vida. Es más, nunca perdió oportunidad, desde su amada Polonia, en atacar a Israel. Su antisionismo fue activo, casi obsesivo. Sin embargo aún así fue un héroe y el propio estado judío le debe un homenaje.
Marek Edelman fue enterrado en el cementerio judío de Varsovia junto a los restos de otros compañeros de su agrupación ideológica antisionista, el Bund.
No solo Edelman fue enterrado ese día ; también su agrupación, a la que le fue fiel hasta el final. El ataud de Edelman estaba cubierto por la bandera bundista y en ella en idish decía : " Bund idisher socialistisher farband " ( partido socialista judío). Sus restos fueron despedidos por altas personalidades políticas y acompañados por un coro que entonaba "La Promesa ", el himno del Bund. Con Edelman se despide una agrupación que tuvo en Polonia muchísimos seguidores antes de la segunda guerra. En las últimas elecciones municipales realizadas en Polonia antes de la guerra, el Bund se impuso a los demás partidos políticos judíos. En aquellos años se creía en privilegiar la solidaridad con la clase obrera por encima de la solidaridad con el naciente nacionalismo judío.
El sionismo y la aliá eran abominables para los bundistas. En especial desarrollaron una aversión particular por el líder sionista revisionista ,Zeev Jabotinsky, que en 1938 se dirigía a los judíos polacos y les advertía acerca de la inminente catástrofe que Hitler hundiría a Europa. Por ello invitaba a la evacuación de los judíos polacos rumbo a Israel. Ni el Bund ni otros judíos le creyeron y el Bund llegó a calificar de " facista " y " general de papel " a Jabotinsky.
Los ideales supremos del Bund tuvieron preferencia por sobre la realidad. Esa realidad cruel marcó el fin del Bund y de casi toda la judería polaca.
Victor Alter y Henrich Erlij, líderes del Bund polaco, se escaparon de Varsovia hacia la URSS antes que llegaran los alemanes. Allí fueron asesinados por orden de Stalin.
Curiosamente el sionismo político y el Bund nacieron en 1897. Finalmente la ideología pragmática del sionismo triunfó sobre el utopísmo socialista del Bund. Fue un hecho que Edelman y los suyos no supieron digerir. No es que la mayoría de los judíos polacos optaran por el ideal sionista sino que el Bund desaparece porque la judería polaca fue exterminada.
Edelman también luchó en la revuelta polaca de Varsovia ( 1944) a un año de la caída del guetto. Recibió por ello una alta condecoración del gobierno polaco. Su libro sobre la revuelta fue traducido al hebreo 50 años después de escrito. Militó en el movimiento Solidaridad que llevaría al quiebre del comunismo polaco.
Algunos centenares de bundistas como Edelman se aferraron al movimiento ( aún en la Argentina ), una fidelidad que se nutrió en la revuelta en el guetto aún a pesar de la superioridad germana. Y eso si debe ser reconocido en Edelman y los suyos que
luego no supìeron aceptar a Israel como una realidad superadora de una diáspora otrora maravillosa pero en extinción.

El autor es co Director del Semanario Comunidades de Buenos Aires