CUESTIONES DE FORMA


¿Obama vs. Netanyahu? La guerra interna del lobby judío
Por ERB -
(IAR Noticias)

¿Netanyahu enfrentado con Obama? ¿Israel enfrentado con EEUU? Parece sacado de una película de ciencia ficción de Hollywood. Pero todo es una farsa, mejor dicho, es una interna política del propio lobby sionista que controla la Casa Blanca y toda la estructura económico financiera y militar de la primera potencia imperial del planeta. En definitiva, no se trata de una cuestión de fondo, sino de una cuestión de forma para conseguir los mismos objetivos por diferentes vías.
Nos estamos enfrentando a una pesadilla: El gobierno israelí (en manos del sector “derechista”) disiente públicamente con la estrategia política y militar de EEUU en Medio Oriente y en los territorios ocupados.
En forma inédita, la prensa internacional habla de una “crisis” entre la primera potencia imperial y el primer Estado sionista del planeta.
La cuestión de la guerra política interna, proyectada desde EEUU a Israel, son las dos posiciones divergentes frente a Irán y Medio Oriente (la cuestión estratégica central), que divide al ala “derecha” del lobby (los halcones sionistas de EEUU e Israel) del ala “liberal” del lobby (Obama y los sionistas “progresistas” de Washington y Tel Aviv).
El enfrentamiento no es de fondo sino de “forma”. El lobby sionista liberal (con Obama) quiere profundizar las líneas de la negociación “multilateral” en Medio Oriente, incluida la apertura de una línea directa con el régimen de Teherán, y la conformación de un frente aliado árabe, para aislar a los halcones “militaristas”, tanto de Teherán como de Tel Aviv.

El plan “progresista”
Como síntesis, el lobby “liberal” (con Obama como su gerente eventual en la Casa Blanca), busca la conformación de un frente “progresista y democrático” que sirva como punta de lanza internacional para presionar, aislar y derrocar internamente al régimen fundamentalista de los ayatolas sin disparar un solo tiro.
Abriendo un abanico frentista con las potencias sionistas de la UE, y con “aliados” árabes enemigos del régimen fundamentalista iraní (como Arabia Saudí, Egipto y Jordania), el lobby “liberal” (hoy en control de la Casa Blanca) busca reforzar y afianzar las “negociaciones de paz”, cuya finalidad última es terminar con las líneas de “resistencia armada” al sionismo israelí (Hamás, Hezbolá, Irán y la yihad islámica) sin llegar a una confrontación militar desgastaste.
Confrontación armada que los gurúes del lobby “liberal” consideran agotada y de un alto costo político, como ya se demostró con las masacres militares judías en Gaza y en Líbano.
Masacres que, en definitiva, terminaron blindando y fusionando al “frente islámico” que tomó y presentó las masacres como una derrota de Israel.
En resumen, Obama y la línea “liberal” quieren parar la política “derechista” de los asentamientos, aislar a los sectores “extremos” (judíos e islámicos) convocar a nuevas “negociaciones de paz”, como una estrategia política de “dividir para reinar”.
Esto es, fortalecer las líneas “democráticas” internas contra los ayatolas, contra Hamás y Hezbolá, y contra las organizaciones armadas islámicas que plantean una “guerra a muerte” contra el Estado judío en todos los frentes.
El objetivo del lobby “liberal” (a través de las “negociaciones de paz”) es poner trampas y cuñas de “infiltración” interna, en Irán, Gaza y Líbano (y en general donde exista resistencia armada) y apoyar (financieramente, y con la CIA y el Mossad) a los sectores “dialoguistas” para que se conviertan en un “gobierno democrático” en sustitución de los gobiernos “dictatoriales”.
Ese es el plan que está funcionando con los “antisirios” en Líbano, con Abbas en Palestina, y con la “oposición reformista” en Irán (cuyas líneas de acción responden a un plan de derrocamiento de las líneas militaristas por “vías democráticas”.
Quieren hacer con Irán y la resistencia islámica, lo mismo que hicieron con las “revoluciones naranja” (hoy fracasadas) lanzadas contra los gobiernos pro-rusos en el ex espacio soviético de Europa del Este.
O sea que, en definitiva, el lobby sionista liberal (Obama como la frutilla negra de la torta) busca conseguir con la estrategia de la “negociación democrática” el mismo objetivo que busca el lobby de los halcones “derechistas”: Terminar con Irán y la resistencia islámica sin disparar un solo tiro.
La estrategia negociadora y “democrática” del lobby liberal busca confundir y paralizar la resistencia armada, creando una falsa imagen de “Imperio bueno” (que negocia en democracia) e “Imperio malo” (que actúa sólo con políticas militaristas).

El plan de los halcones
Pero este “sueño” del ala “progresista” judeo-norteamericano se encuentra con un problema central: El reloj de arena con Irán no funciona de la misma manera para los halcones de Washington (derecha conservadora del Pentágono y del Complejo Militar Industrial) y para los “derechistas” de Tel Aviv (Netanyahu y los halcones militaristas israelíes).
Barack Obama es un “infiltrado comunista”, protege a Al Qaeda y negocia con los “terroristas islámicos”, es la idea que resume los “dossier” conspirativos que circulan por las usinas de los republicanos y la ultraderecha conservadora sionista de EEUU.
Estos mismos “dossier” nutren el pensamiento y la acción de los halcones israelíes que cierran filas con el gobierno de Netanyahu.
Para los halcones de Tel Aviv y Washington, el desarrollo del poder económico- nuclear-militar de Irán es directamente proporcional a una amenaza a la existencia del Estado de Israel y a la supervivencia de los intereses capital-imperialistas-militares de EEUU y el eje sionista en la región del Medio Oriente y en todo el planeta.
Desde principios de año, altos funcionarios y jefes militares judeo-norteamericanos alimentan una nueva escalada belicista con sus declaraciones sobre un posible ataque de Israel como respuesta a los avances claves anunciados por el gobierno de Irán en su programa nuclear.
Por medio de advertencias constantes, el estado mayor militar israelí lanza señales claras de que está dispuesto a lanzar un “hecho consumado” (operaciones simultáneas y sincronizadas) contra el eje Irán, Siria-Libano-Gaza, para implicar a Washington en el conflicto.
En el terreno táctico (y mientras se retrasa el desenlace militar con las estancadas negociaciones en el frente diplomático) Irán y el eje sionista USA-Israel se preparan para una meta esencial: Potenciar su defensa y cubrir todos los flancos débiles frente a operaciones de ataque y contraataque aéreo con misiles que podrían involucrar a Siria, Líbano y Gaza.
La hipótesis de la “triple guerra” -como señalan los expertos- ya se encuentra en el simulador, mientras se agotan y complican las negociaciones en el frente diplomático con un nuevo rechazo de Teherán a la última propuesta nuclear de EEUU y las potencias.
En mayo de 2009, y con un lapso de tres semanas de diferencia, Irán y el eje EEUU-Israel lanzaron lo que ellos mismos denominaron su “más grande juego de guerra” preparatorio de defensa y contraataque en prevención de una posible resolución militar del conflicto nuclear que por ahora se dirime (y sigue fracasando) en el plano diplomático, en la ONU.
Desde hace varios meses, la derecha militar sionista USA-israelí sigue sumando señales y advertencias sobre la activación de un desenlace militar en el escenario conflictivo de Medio Oriente que podría abarcar tres frentes simultáneos: Irán, Gaza y Líbano, a los que podría incorporarse Siria.
El alto mando israelí y sus servicios de inteligencia, actualizan constantemente los “fundamentos” de operaciones planificadas contra Gaza, los búnkeres de Hezbolá y las usinas nucleares de Teherán.
Estos objetivos (casi explícitos) marcaron la agenda del alto mando militar judío que en mayo del año pasado realizó ejercicios militares en gran escala con simulación de una guerra regional y de una Intifada.
Mientras tanto, y en varios frentes simultáneos abiertos, se producen crecientes operaciones cruzadas de acción psicológica intimidatoria entre Tel Aviv, Teherán y Damasco, y reuniones constantes de alto nivel en Washington y Tel Aviv.
Lo que hace presagiar, según analistas árabes, judíos y estadounidenses un desenlace militar activado por la plana mayor israelí que busca -según su propia definición- desactivar la capacidad nuclear de Irán antes de que consiga la bomba, impedir que Hezbolá siga incrementando sus arsenales militares en Líbano y que Hamás vuelva a solidificarse en Gaza. En el reloj de los halcones de Washington y Tel Aviv, el punto que marca la hora del desenlace militar está señalado por el momento en que Irán esté en capacidad (o lo más cerca posible) de construir su primera cabeza nuclear.
Para los servicios israelíes Teherán ya está en el “umbral” de la bomba, para la CIA y las agencias occidentales es un proceso que puede durar entre dos y cinco años más, y para la AIEA el régimen iraní oculta aspectos avanzados de su plan para construir una ojiva nuclear en menos de un año.
También en este aspecto hay infinidad de teorías que avalan la decisión de los halcones judeo-norteamericanos de “atacar ya” las usinas nucleares de Teherán.
Desde que Irán le compró cabezas nucleares a Corea del Norte, hasta que ya tendría ojivas ocultas producidas por su programa nuclear, las teorías conspirativas no tienen límites.
Pero, más allá de las hipótesis, lo concreto, es que la hora del ataque a Irán está señalado por el reloj de su primera bomba nuclear.
Israel y su estado mayor militar son claros, así como para los halcones del Pentágono, la consiga es clara: Atacar a Irán para desactivar su capacidad de convertirse en potencia nuclear es una cuestión de supervivencia para el Estado judío.
Una cuestión de “formas” para terminar con Irán y el “eje del mal” islámico: La vía “militar” a corto plazo, o la “vía democrática”.
Es la única cuestión que separa a Obama de Netanyahu. En los demás, son como hermanos de leche.