DECISIVA REUNION ENTRE OBAMA Y NETANYAHU



El veterano analista israelí del diario Yediot Ajaronot, Shimon Shefer, resume: "Se ha puesto al descubierto la profunda desconfianza entre los dos líderes. Obama ha colocado a Netanyahu con la espalda contra la pared obligándole a una decisión. Si acepta lo que le exige, se quedaría sin coalición de Gobierno. Si no acepta, se quedaría solo ante la amenaza iraní".

Gran error viajar a Washington. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu deseaba una reunión a solas con el presidente norteamericano Barack Obama para restaurar la confianza y aparcar la grave crisis a raíz del anuncio de la contsrucción de 1.600 casas en Jerusalem Este. Cuatro días después, Netanyahu vuelve a Jerusalén humillado por Obama, sin un acuerdo ni tan solo para resumir su duro encuentro y con una tensión sin precedentes que se resume con esta cita de un portavoz de la Casa Blanca, filtrada por la prensa israelí:
"A Obama se le ha acabado la paciencia. Los pasos que Netanyahu ha aceptado realizar son importantes. El problema es que no creemos que los ponga en práctica y queremos que nos dé garantías. Esto me recuerda los oscuros días de la guerra fría cuando no confiábamos de los soviéticos".
A pie de escalerilla del avión de vuelta a Israel, Netanyahu afirmó que se "han producido avances para encontrar la fórmula que combine la tradicional política de todos los Gobiernos en Israel y nuestro deseo de reanudar el proceso de paz". Palabras que ocultan el drama vivido en Washington.
Antes de la cita con Obama, Netanyahu había recibido un aviso en sus reuniones con el vicepresidente Joe Biden y a la secretaria de Estado, Hillary Clinton. "El presidente quiere respuestas", le advirtieron.
Pero aun con todos los avisos, Netanyahu no se esperaba tal recepción, definida por la prensa israelí como "la emboscada". "Netanyahu recibió el mismo trato que el líder de un país tercermundista", escriben.
Obama le tenía ganas y más tras enterarse de la noticia filtrada a la prensa por la organización israelí Paz Ahora minutos antes de la reunión: el final del proceso para construir 20 casas en un solar en pleno barrio palestino de Jerusalén. Netanyahu entró en la Casa Blanca sin conocer esta aprobación pero no le sirvieron sus explicaciones sobre "los procesos burocráticos e independientes del Ayuntamiento" o que "el plan no es nuevo y fue aprobado en el 2009". Un asesor de Obama reconoció que "Netanyahu estaba sorprendido de la noticia pero en cualquier caso significa una nueva bofetada al presidente".
'¿Hasta dónde puedes llegar?'
Nada más entrar, Obama le hizo una pregunta: "¿Hasta dónde puedes llegar y ser flexible una vez que las negociaciones directas con los palestinos lleguen a su fin?" Netanyahu respondió de forma general pero Obama quería respuestas prácticas.
Después, llegó la lista de Obama compuesta por 13 requisitos que debían ser aceptados antes de la vuelta a Israel. El primero que la moratoria de la construcción en las colonias en Cisjordania (que no incluye Jerusalén Este) se amplíe más allá de los 10 meses anunciados por el Gobierno israelí. Segundo, que Netanyahu supervise personalmente que no haya construcción en los barrios palestinos de Jerusalén Este.
Tercero, que Israel transfiera el control militar y civil de los territorios en Cisjordania que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) tenia antes de la Intifada. Cuarto, gestos inmediatos hacia el presidente palestino, Abu Mazen como la liberación de 1.000 presos Al Fatah.
Otro requisito fue que aceptara de antemano y publicamente que las negociaciones para un acuerdo definitivo tengan un plazo máximo de dos años.
Netanyahu le contestó que debía consultarlo con el resto de partidos de la coalición. "Yo me voy a cenar con Michelle y las chicas. Estaré por aquí por si tienes algo nuevo que decirme", le dijo Obama. Y así fue. Al cabo de unos minutos, Netanyahu pidió una segunda reunión con Obama que, sin embargo, no acercó las posturas.
Los gestos de la desconfianza
Tal es la desconfianza hacia su interlocutor israelí que Obama exigió una respuesta a sus exigencias por escrito. La serie de humillaciones que Netanyahu sufrió del principal aliado de Israel en el mundo fueron más que simbólicas.
Se pueden resumir en tres gestos de Obama: Prohibió que los fotógrafos entraran en la reunión, interrumpió la conversación con Netanyahu afirmando que se iba a cenar con su familia y se negó a una declaración conjunta aunque fuera meramente protocolaria.
Este jueves, nada más aterrizar en Israel, Netanyahu tiene previsto convocar a sus seis ministros más importantes para debatir la crisis con Estados Unidos, que por fin exige decisiones trascendentales.El veterano analista israelí del diario Yediot Ajaronot, Shimon Shefer, resume: "Se ha puesto al descubierto la profunda desconfianza entre los dos líderes. Obama ha colocado a Netanyahu con la espalda contra la pared obligándole a una decisión. Si acepta lo que le exige, se quedaría sin coalición de Gobierno. Si no acepta, se quedaría solo ante la amenaza iraní".


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