EL EQUILIBRIO DEL PODER EN MEDIO ORIENTE


¿Qué quiere Assad?
Por Jonathan Spyer *

En Damasco, la semana pasada, todo el espectro de los líderes del así llamado ‘bloque de resistencia’, aunaron esfuerzos en una serie de reuniones. Los Presidentes, Ahmadinejad de Irán y Assad de Siria, estaban allí, junto a un radiante Khaled Meshal de Hamas y al secretario general de Hezbollah Hassan Nasrallah. Había también algunas luminarias menores para componer los números – incluyendo a Ahmed Jibril del FPLP-CG, un fósil de la vieja sopa de letras de los grupos palestinos seculares.
El estado de ánimo - repetido unos pocos días después en Teherán - fue uno de jubiloso desafío.
Las razones subyacentes de la adhesión de Siria al 'bloque de resistencia’, siguen siendo ferozmente debatidas en la discusión política occidental. Durante mucho tiempo, el punto de vista de poderosos elementos en Washington, ha sido – del que fuertemente se hacen eco muchos miembros de la institución de defensa israelí – que Siria constituye el "eslabón débil" en el bloque liderado por los iraníes.
Los adherentes a este punto de vista, ven al régimen sirio como preocupado, solamente, por el poder y su conservación. Teniendo en cuenta, dicen, que las relaciones de Siria con el bloque liderado por Irán, son pragmáticas antes que ideológicas, el ardid de la política a realizar, es encontrar el incentivo adecuado para hacer que Damasco recalcule los costos y beneficios de su posición.
Una vez que los incentivos adecuados inclinen el equilibrio, se supone, el régimen de Damasco se abstendrá fríamente de la compañía de los ideólogos que crearon la espuma exhibida en Damasco y Teherán la semana pasada, y asumirá su posición en la mesa de los rivales – o, por lo menos, en un punto equidistante entre ellos.
El incentivo específico necesario para realizar este ardid varía, dependiendo de a quién se le pregunte. En Israel, por lo general, se asume que la recuperación de las Alturas del Golán es el premio grande. En esta perspectiva, el apoyo sirio a Hezbollah y a los grupos terroristas palestinos, está destinado a mantener la presión sobre Israel, para obligarlo a ceder el Golán.
En Washington, se puede oír la discusión de una serie de otros incentivos - la eliminación de la Ley de Responsabilidad de Siria, la ayuda de USA, las inversiones, y así sucesivamente.
La lógica de todas estas posiciones depende de la caracterización básica del régimen de Assad, en última instancia motivada exclusivamente por intereses de poder maquiavélico. Esta caracterización sigue siendo la sabiduría, en Israel y en los círculos políticos de USA, en mucha mayor medida que la evidencia garantizada de que sea así.
El cortejo occidental a Siria, innegablemente, ha producido muy poco en términos de cambiar la conducta del régimen. En las últimas semanas, la Administración Obama aumentó el volumen de su, anteriormente, cauteloso acercamiento a Damasco. El Subsecretario de Estado, William Burns, visitó Damasco. Burns intentó plantear la cuestión del apoyo sirio a los insurgentes en Irak, y a Hizbollah y los grupos terroristas palestinos. Assad, de acuerdo a los informes, negó todo conocimiento de tales apoyos.
La recientemente anunciada decisión de USA de restablecer a un embajador en Damasco, fue seguida por un festival de resistencia en Damasco - en el que, abiertamente, Assad se burló de las esperanzas de USA de un ‘distanciamiento’ de Siria respecto de Irán.
Ahora se ha anunciado que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, está considerando visitar Damasco. Mientras tanto, Siria, alegremente, irrumpe a través de las líneas rojas y apoya militarmente a Hezbollah. Sofisticado equipamiento antiaéreo, tal como el sistema Igla de fabricación rusa, se rumorea que seguirá a los avanzados misiles tierra-tierra y a los sistemas anti-tanque suministrados al grupo islamista Shia.
Lo que nos lleva de nuevo a la cuestión fundamental de la motivación de Siria. Claramente, los sirios tienen el hábito de tragarse los incentivos y no dar nada a cambio. Pero si el alineamiento con Irán es puramente pragmático, entonces ¿por qué resulta tan difícil ofrecer a Siria la zanahoria adecuada para atraerla lejos de Teherán?
Hay dos respuestas posibles. La primera y más obvia, es que Siria calcula, probablemente con razón, que ya que no habrá un precio real que se le imponga por no cambiar su comportamiento, puede darse el lujo de mantener su nivel actual de relaciones con Irán y, al mismo tiempo, aceptar felizmente cualquier gesto de occidente o de Israel, destinado a inducirlo a cambiar.
Pero esta explicación no logra dar cuenta de la desfachatez y el fervor de la actual posición desafiante de Siria.
Las declaraciones de personas cercanas al régimen sirio, en los últimos meses, sugieren que hay más en la actual posición de Siria que, simplemente, enfrentar a todos contra el centro. Por el contrario, los sirios creen que una profunda reestructuración del equilibrio del poder está en marcha en Medio Oriente - para beneficio del bloque liderado por Irán.
Esta reestructuración está siendo posible, gracias a la supuesta debilidad a largo plazo de USA en la región. Esto permite que el agresivo e islamista régimen de Teherán llene el vacío. También hace factibles las opciones políticas - como la confrontación directa con Israel - que en la década de 1990 parecía haberse desvanecido para siempre.
La caracterización del joven presidente sirio y de su régimen como, en última instancia, de cabeza fría y pragmática, es incorrecta. El régimen de Damasco siempre se mantuvo en una feroz visión anti-israelí y anti-estadounidense de la región. En la década de 1990, la realidad parecía exigir una marginación práctica de este punto de vista. Pero la década de 1990 terminó hace rato.
Los regímenes como el de Assad (e incluso figuras semi ridículas como el viejo Jibril y su FPLP-CG) no son anomalías en la alianza basada en la ambición iraní y en el fervor islámico regional. Existen, más bien, socios naturales, que comparten una comprensión básica de la región, de los enemigos comunes, y un común y brutal enfoque para hacer valer sus intereses. Es por esta razón fundamental que los intentos para forzar a Bashar al Assad a que se aleje de su hábitat natural, continuarán probando ser infructuosos.

*El Dr. Jonathan Spyer es investigador senior en el Centro Global Research in International Affairs (GLORIA), Herzliya, Israel

Traducción : José Blumenfeld
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