EL TRATO INJURIANTE E INSULTANTE DEL MEDIO ESPAÑOL


Prejuicio, opinión y doble criterio marcan al corresponsal de “noticias” Muñoz y a El País de Madrid.
por Monica Cooper


Una revisión de la actividad periodística que realiza Juan Miguel Muñoz desde Jerusalén para El País de Madrid provee un catalogo colmado de ejemplos de un periodismo de "tercer nivel"; esto en un periódico que se considera de primera categoría a nivel internacional. El País, con una circulación diaria de más de 410,000 copias y con más de dos millones de lectores de su edición digital, es considerado el “
lider de la prensa generalista en España” , un inmerecido título para un diario que continuamente viola los códigos profesionales en el reportaje sobre Israel.
Un examen de las notas de Muñoz publicadas en El País entre el 15 de Enero y el 10 de Febrero del 2010 demuestra claramente esta conclusión. Nuestro estudio también invita la pregunta: ¿Por qué es el trato de El Pais sobre Israel sensacionalista e injuriante? No sólo el reportaje de Muñoz, sino que otros aspectos de Israel son menoscabados en El País. Por ejemplo, El País publica que Juan Miguel Muñoz es corresponsal en “Jerusalén, Oriente Próximo” (como se puede ver en la página de “Corresponsales”) siendo que ningún otro corresponsal es mencionado con asiento en una ciudad y no en el país al que la ciudad pertenece (con la excepción justificable de los corresponsales en Bruselas para la UE). ReVista de Medio Oriente preguntó telefónicamente a los editores de El País la razón por la que Muñoz se encuentra en “Jerusalén, Medio Oriente” y no en “Jerusalén, Israel”; a lo que respondieron que Muñoz “reporta también sobre Líbano y Siria”. Sin embargo rara vez hemos visto articulos sobre estos países mientras que sobre Israel Muñoz escribe a diario. Claramente, Muñoz reporta desde Jerusalén sobre Israel pero El País pretende poder “elegir” cuál es la capital de Israel, citada como “Tel Aviv” en todos sus artículos. El País pone a Jerusalén en el limbo político, a pesar de que Muñoz es testigo al vivir allí de la actividad de todos los organismos del gobierno israelí que se desarrolla en Jerusalén, capital del Estado. El País cumple todos los “no” del código de conducta periodística: cambia la realidad, tuerce los hechos, anula la verdad, delude a los lectores y adopta la posición política de grupos que militan por desmantelar el estado judío.
Un estudio de las notas de Juan Miguel Muñoz en El Pais
durante tres semanas de esta nueva década demuestra:
1 de febrero:
Israel admite que disparó fósforo blanco contra zonas pobladas en Gaza. Esta declaración que aparece en el título de la nota es una falsedad y la nota misma está llena de errores.
Escribe Muñoz:
Mientras la prensa local asegura que el Gobierno ha admitido que dos mandos castrenses han sido sometidos a una "acción disciplinaria" por el empleo inadecuado de proyectiles de fósforo blanco en zonas pobladas por civiles, el Estado Mayor lo niega rotundamente.
Muñoz reporta aquí sobre un artículo de Ha'aretz, lo que él llama sin citar “la prensa local”, en el que el autor, Anshel Pfeffer asevera que el reporte del Estado Mayor publicado ese día revela estos hechos: 1- el “empleo inadecuado de proyectiles de fósforo blanco” y 2- la acción disciplinaria hacia dos oficiales por ello. (El artículo original de Pfeffer en Ha'aretz ya no se encuentra en la web, pero sí se encuentra
otro artículo actualizado del mismo autor). Sin embargo, Muñoz no chequea las fuentes, o sea el reporte mismo, para verificar la verdad. El hecho es que el artículo de Pfeffer en Ha'aretz está errado: el reporte del Estado Mayor en ningún momento dice que los oficiales fueron disciplinados por el uso de proyectiles de fósforo blanco sino "por el uso de artillería en violación de las reglas de combate que prohiben el uso de artilleria en zonas pobladas” “durante un incidente que causó daños al complejo de la UNRWA en Tel El Hawa” (párrafo 108 del reporte).
El ejército a su vez confirmó que la acción disciplinaria hacia los oficiales no tuvo nada que ver con el uso de fósforo blanco. Esto también apareció en Ha'aretz escrito por el mismo Pfeffer. En resumen, Muñoz reporta no una noticia verificada por él mismo, sino –cómodamente, deberíamos agregar- un reportaje errado de Ha'aretz, sin verificarlo, así diseminando el error de un diario israelí en su diario, El País. Es más, luego se explaya en su propio error: “El fósforo blanco se empleó profusamente en zonas habitadas porque en Gaza la densidad de población es de las más altas del mundo”, usando el magnificativo “profusamente” sin procurar ninguna evidencia de ello.
Que Gaza es “uno de los lugares de mayor densidad de población en el mundo” es un vilipendio muy difundido a pesar de que es una declaración incorrecta. Por supuesto que esto es algo que un periodista profesional debe investigar antes de repetir, a no ser que quiera, como Muñoz, exagerar y mentir. Gaza tiene una densidad de población “
mucho mas baja que Londres, Tel Aviv, Singapore o Hong Kong
Esta falacia se repite hasta el cansancio, cuando no sólo que es erróneo sino que no ayuda a entender la verdadera situación en Gaza. Muchos otros lugares florecen con densidad de población tan o más alta, como Mumbai, la que tiene una densidad de población seis veces mayor que Gaza.
Para completar el insulto a la verdad y los hechos escribe Muñoz: “La lluvia de esos proyectiles sobre colegios y zonas urbanas ha sido acreditada fehacientemente.” La prueba "fehaciente" no la produce porque no existe. Muñoz construye con palabras como "profusamente" y "fehaciente" una historia de mentira envilecedora de Israel y su ejército, sin proveer prueba alguna y sobre lo cual no ha habido ningún acto disciplinario en el ejército como él lo reporta en este artículo.
En el mismo artículo, Muñoz reporta erróneamente que “entre los casi 1.400 muertos, la mayoría eran civiles ajenos a la contienda” . El número de palestinos que murieron en esta guerra causada por el incremento en el lanzamiento de misiles contra Israel desde Gaza fue de 1285 (cifra otorgada por el PCHR, Palestinean Center for Human Rights o en su traducción: Centro Palestino para los Derechos Humanos) y la
mayoría de ellos eran combatientes en la contienda y no civiles.
En el mismo artículo escribe Muñoz: Según el informe israelí, los proyectiles de fósforo se lanzaron contra unas instalaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados en el que se guarecían cientos de civiles palestinos en el barrio de Tel el Hawa, en la ciudad de Gaza.
Como describimos arriba, esta afirmación de Muñoz es errónea, el informe israelí no dice en ningún lugar que se hayan lanzado proyectiles de fósforo blanco, sino que deplora el “uso de artillería, dado que los combatientes de Hamas se ubicaron detrás del complejo de la UNWRA.” (párrafo 108 del reporte)
Agrega Muñoz cínicamente (tono que reserva siempre para el gobierno y el ejército de Israel pero nunca para Hamas):
Pero pensar que las investigaciones llevadas a cabo por las propias Fuerzas Armadas puedan satisfacer las exigencias de imparcialidad -requeridas en el informe de la comisión Goldstone- resulta inadmisible para cualquier jurista. No se puede ser juez y parte.
El informe Goldstone (y obviamente ahora Muñoz) tiene hacia el ejército de Israel “exigencias de imparcialidad” las que no se imponen a otros ejércitos del mundo. Las fuerzas de NATO en Afghanistan han matado accidentalmente a civiles y no hay ningún reclamo de que se convoque una comisión de juristas para investigar.
La destrucción de autobuses con mujeres y niños con un ataque aéreo el 21 de febreropor parte de NATO no fue en respuesta a un ataque como en el caso de Gaza, pero sin embargo ningún gobierno a medio de difusión, ni tampoco El País, ha demandado una comisión para investigar los hechos. Esto demuestra el doble criterio usado en contra de Israel.
Continúa Muñoz:
Pero la iniciativa en favor de esa comisión tropieza con un escollo que se antoja insalvable. Los jefes del Ejército, institución sagrada, y el ministro de Defensa, Ehud Barak, rechazan tajantemente esa vía. El Tsahal es intocable.
El hecho es que Tsahal se somete a
rigurosos códigos de conducta . Es probablemente cierto, como alega Muñoz, que en un país acosado como es Israel a lo largo de todas sus fronteras, el ejército es una institucion "sagrada". Pero a la vez funciona con códigos de conducta que permiten que sea respetada y respaldada por la población que deberá servir bajo esos códigos. Muñoz asigna a la palabra “sagrada” el valor de “aunque inmoral, intocable”, lo cual no es el significado de sagrada. Por el contrario, se mantiene sagrada porque está guiada por códigos éticos, como la mayoría de los que han servido atestiguan.
El 2 de febrero aparece otro artículo de Muñoz en El País:
Israel admite que utilizó fósforo blanco en Gaza Esta nota, en la edición impresa, presenta idéntico material erróneo. Muñoz produce dos artículos plagados de errores que los editores de El País parecen ni leer ni cuestionar ignorando su propio código profesional.
En sus próximos dos artículos, Muñoz se dedica a defender a una modelo y a ensañarse con un niño de 15 años. El primero es material para atacar al ejército, el segundo al primer ministro.
El 15 de enero, en
El ejército israelí apunta a la modelo Bar Refaeli, el corresponsal en Jerusalén arremete contra el ejército por acusar a una ciudadana que ha eludido su obligación de servicio militar: “Denostada por evadir el servicio militar, la ira del Ejército se ha desatado ahora por la última iniciativa de la famosa.”
Muñoz, como es su estilo cuando escribe sobre Israel, no ofrece contexto para “la noticia” (aún cuando es insignificante como ésta) como sería el explicar al lector la función vital que cumple el ejército para la sobrevivencia nacional y la obligacion ética de todo ciudadano de servir. Claramente, el eludir el ejército por algunos resulta oneroso para aquellos que lo cumplen. Está abundamente claro que Israel desapareceria sin un ejército de todo el pueblo. En lugar de brindar un análisis calificador y valioso a sus lectores sobreTsahal en la sociedad israelí, a cargo del acrisolamiento social y de la formación de una conciencia comunitaria a la vez que promotor de egalitarianismo (ver por ejemplo: "The Military in the Service of Society and Democracy The Challenge of the Dual-Role Military", editado por Daniella Ashekenazy) Muñoz descalifica de un plumazo en su artículo al ejército y con eso termina su reportaje. Muñoz no presenta los dos lados de la cuestión, sólo el lado de la “modelo” ni tampoco describe a Israel y sus valores, cómo funciona y en qué cree, sus logros y sus problemas, con un reportaje objetivo y veraz. Sus lectores se perjudican con su cinicismo y sarcasmo y la desvalorización del objeto mismo de sus notas periodísticas.
Otro artículo de Muñoz del 1 de febrero, nota:
Berlusconi "sueña" con ver a Israel como miembro de la UE
Parece que Muñoz cumple con la consigna de que “los amigos de tus enemigos son tus enemigos”. Con marcado sarcasmo escribe: “las relaciones con Roma son casi idílicas” señalando la relación positiva entre el presidente italiano y el gobierno israelí. Berlusconi, al apoyar ligeramente a Israel, le merece a Muñoz total desprecio. ¿Cómo se atreve un gobernante europeo a admirar a Israel? En un artículo que no trae ninguna otra información de interés, Muñoz usa 275 palabras para escribir que Berlusconi habló en la kneset (parlamento) de Israel. Cualquier minucia se vuelve “noticia” si es sobre Israel y si se puede tergiversar sarcásticamente en contra de Israel. Si Israel es insultada o injuriada es buena noticia de la que Muñoz se degusta y si es alabada es mala noticia de la que Muñoz deriva desprecio. En ambos casos se devela el prejuicio del periodista contra Israel y su incapacidad de reportar objetivamente.
La falta de calidad profesional llevada al extremo es la nota del 7 de febrero
Entre la tirana y el sabelotodo, en la cual Muñoz muestra completa falta de ética al burlarse de un menor. El joven de 15 años, Avner Netanyahu le merece a Muñoz denigrarlo con calificativos como “sabelotodo”. A su madre, en lugar de mostrarle respeto por cultivar en su hijo el amor al conocimiento (en lugar de tener hijos que malgastan el tiempo de mil formas), Muñoz llama a Sara Netanyahu, “tirana”. El País considera que es de gran importancia para el lector español lo que las mucamas de Sara Netanyahu dicen de ella. Si es cierto o si es chisme no parece importarle a este corresponsal. Mientras sea insultante a Netanyahu, y ahora a su familia, se convierte en noticia. En general, y por obvias razones éticas, los hijos menores de un gobernante no son objeto de artículos periodísticos. Los buenos periodistas (de los cuales Muñoz no es uno) respetan la privacidad de los niños, los cuales no tienen la culpa de que sus padres estén en un cargo público. Aunque después de todo, el hecho que este niño haya ganado un concurso de conocimiento de la Tora, es para felicitarlo, si uno ya decide escribir sobre él.
El 7 de febrero escribe Muñoz:
Israel aboga por sanciones draconianas. y el 10 de febrero: Israel presiona para que se apliquen sanciones que asfixien al régimen iraní
Dos artículos aparecen en El País con tres días de diferencia con el mismo contenido. (Publicar artículos sobre Israel parece ser esencial para El País, sin que importe la calidad de la noticia.)
Algunas citas de estos artículos:
En todo caso, no parece que sea suficiente para Israel que el presidente Mahmud Ahmadineyad acceda a que el uranio se enriquezca en Rusia y Francia.
Ahmadineyad es equiparado a Adolf Hitler y es frecuente escuchar a dirigentes hebreos decir que no se permitirá un segundo Holocausto. Poco importa que el ministro de Defensa, Ehud Barak, asegure que Irán no supondría una amenaza existencial para Israel incluso en el supuesto de que se hiciera con la bomba atómica.
Benjamín Netanyahu tiene una fijación: frenar el programa nuclear de Irán.
Poseedor del arma atómica, y no firmante del Tratado de No Proliferación nuclear, Israel no va a aceptar perder el monopolio en Oriente Próximo. Es el asunto con mayor trascendencia para de la diplomacia de Tel Aviv. [sic]
Queda margen para abortar esas ambiciones atómicas, pero, según el Gobierno hebreo, el momento apropiado para las sanciones económicas pasó hace ya tiempo. Aunque no se aborde minuciosamente a los cuatro vientos, el Ejecutivo israelí aboga por la imposición de sanciones draconianas: la prohibición de las exportaciones petrolíferas de Irán, y tal vez el bloqueo del Estrecho de Ormuz, como medida primordial. E impulsa también la suspensión de las relaciones comerciales que mantiene Teherán con multinacionales europeas, la mayoría, paradójicamente, radicadas en Alemania o Italia, los países que con mayor vigor defienden a Israel.
Cuando las potencias occidentales se lanzan al ruedo del programa nuclear iraní, el Gobierno israelí acostumbra a callar, aunque algunos augurios apocalípticos siempre estén presentes en su discurso político.
Muñoz se desata con una cantidad de opinión exorbitante en un artículo presuntamente de noticia. El periodista y El País no distinguen entre la sección "noticia" y la sección "opinión" ignorando por completo los códigos de un artículo de noticia: la documentación de las fuentes, la verificación de la información y el balance que muestre al lector el contexto de la noticia y el criterio objetivo. En estas notas opinionadas, prevalece el sarcasmo (“aunque algunos augurios apocalípticos siempre esten presentes en su discurso político”) y el prejuicio en contra de Israel de este periodista y del diario que lo publica.
Un artículo balanceado tendría que haber presentado un perfil del gobierno de Irán: totalitario y violador de derechos humanos crónico contra su propia población a la vez que de las leyes internacionales, a lo que se agrega, exportador de terror intercontinental. . La
declaración del Consejo Europeo (European Council) sobre Irán, sin ir más allá, así lo declara. En esta misma declaración se condena a Irán por negarse a interrumpir su programa nuclear. La secretaria de estado estadounidense Hillary Clinton ha pedido recientemente que las sanciones a Irán se incrementen. Muñoz hace aparecer a Netanyahu como el único entre las naciones que clama por sanciones a Irán siendo que la comunidad europea y los Estados Unidos a la vez que países vecinos como Arabia Saudita y Egipto están todos alineados en esta postura.
Esto
declaró Arabia Saudita recientemente sobre la situación con Irán: “Vemos el problema a corto plazo probablemente porque estamos cerca de la amenaza…Por lo tanto necesitamos una solución inmediata y no una solución gradual”
Mientras que Egipto esta preocupada de "
que Iran altere el balance en la región
¿En qué difieren estas palabras de Arabia Saudita y Egipto de las pronunciadas por Netanyahu?
Muñoz, increíblemente, no encontró nada crítico para escribir sobre Irán mientras ridiculiza la preocupación de Israel y sus iniciativas diplomáticas. El doble criterio que aplica es problemático: Israel siempre es insincera, siempre posa para las cámaras, sus problemas y preocupaciones no son verdaderas, mientras que todos los demás (excepto los que apoyan a Israel) y especialmente Hamas, son tratados por Muñoz como honestos y hasta con simpatía. Si el criterio fuera el mismo para todos, sería muy diferente su reportaje. Por ejemplo, Muñoz recordaría la declaración repetida por Ahmadineyad de “
borrar a Israel del mapa”. Esto no le pareció a Muñoz una amenaza suficientemente extrema o preocupante. Sin embargo Muñoz y El País se alinean con el agresor (Irán) y no con el agredido (Israel).
La publicación casi diaria en El País de artículos sobre Israel, con contenido repetitivo o insignificante, pero siempre con criterios que son diferentes a los aplicados a otras naciones, ya sea negativos o poniendo en duda la honestidad del gobierno y del ejército, llevan a pensar que El País debe, de alguna forma, beneficiarse con este tipo de reportaje tendencioso. El pacto tácito entre El País y su audiencia basado en la difamación de Israel es preocupante y falto de ética. El País debe dejar de alinearse con aquellos que conspiran para lograr el desmantelamiento del estado judío. Uno de ellos es su corresponsal en Jerusalén, Juan Miguel Muñoz. El Pais debe aplicar a Israel los mismos códigos de periodismo que usa para sus otros temas.