ENTREVISTA EN MEXICO A PILAR RAHOLA


Rahola combate a la izquierda tuerta
Por Silvia Cherem S.


A la periodista y política española Pilar Rahola (Barcelona, 1958) –quien se autodefine como: europea, española, catalana, católica y de izquierda–, México la dejó escamada y tardó casi una década en regresar. Como guerrillera de la conciencia, tiraba sus dardos en aquel 2002 contra la izquierda que, por intereses económicos y prejuicios atávicos avalaba dictaduras y, para su sorpresa, justamente en México se topó con “la izquierda rancia” que tanto combatía en Europa. Lo cuenta ella: “Se programó una ronda de entrevistas. La primera fue con uno de los columnistas destacados de La Jornada. Preguntó sobre una encuesta que había realizado el parlamento europeo para saber la opinión de los europeos con respecto a cuál era el país más peligroso del mundo. Más del 50% de los europeos había dicho que Israel, por encima de cualquier dictadura”. El periodista abordó con Rahola el tema imaginando que aplaudiría la encuesta y el prejuicio. Ella respondió que era una barbaridad, una demostración de la manipulación de los medios, del antisemitismo latente y una evidencia de hasta qué punto la población europea había perdido el norte. “Él se puso a pelear conmigo –relata quien fuera diputada de Barcelona y vicealcaldesa–. Acabé por preguntarle si era entrevista o debate. Fue un encuentro durísimo, retrógrada. Es la única vez que me han hecho una entrevista y no la han publicado; y no fue porque no moviera al debate, sino por censura, por un dogmatismo cerril, por un autoritarismo reaccionario de una parte de la izquierda, defensora de fascismos, que se niega a pensar. Aquello me marcó. Tuve claro que hay una línea brutal entre el pensamiento crítico y la consigna, entre el debate y la propaganda. En la barbarie se tocan los extremos: la izquierda y la derecha, igualmente fascistas, autoritarios y antisemitas”. Asegura que la mayoría habla de Israel, pero poco saben. “¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia del mismo modo? Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada contamina los cerebros del mundo. Diez años de guerras integristas en Sudán, con más de un millón de muertos, jamás han preocupado a ningún pacifista… pero Oriente Próximo es titular permanente y jamás hay grises: sólo buenos y malos, víctimas y demonios. ¡Hasta la que me vende el pan, que no sitúa Israel en un mapa, sabe que son malos! Por eso me atrevo a decir que hay un estigma antisemita, que sobre el Medio Oriente no se informa, se hace propaganda. Israel es la única democracia en la zona, un sitio que en 54 años de vida ha aportado ocho premios Nobel, adelantos científicos y tecnológicos, como internet, que hoy distinguen la vida moderna, pero demonizarlo es parte de lo políticamente correcto, y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los malvados judíos se comen a los niños palestinos. No es decente ni correcto y por causas que mueven al fascismo y a la mentira, he decidido jugarme el pellejo”. La izquierda tuerta
Para Rahola, republicana de pura cepa y sobrina nieta del intelectual Carlos Rahola, el primer condenado a muerte por el gobierno de Franco, siempre han existido dos izquierdas: una que ama las libertades y el progreso social y lucha por ellos, y otra que defiende dictaduras, como la de Castro, Pol Pot o Chávez, destruyendo la base de la libertad. Asegura que las mentes más lúcidas de izquierda, han sido quienes, como Octavio Paz, Bernard-Henri Lévy, André Glucksman o Alan Finkielkraut, han tenido una doble lucha: por sus ideales, y contra los dogmas de la izquierda radical que los expulsa del paraíso ideológico por atreverse a pensar. “Superé hace mucho tiempo mi póster del Ché Guevara. Me repugna profundamente perder tantas energías en decir cosas tan obvias: en nombre de la libertad o la justicia no se puede matar ni destruir derechos fundamentales, en nombre de la libertad no se defienden dictadores ni gobiernos autoritarios”, señala quien vino a México invitada por Bnai Brith, organismo que desde su fundación en 1843 defiende los derechos humanos. Orgullosamente partidaria de la izquierda, desdeña el altar de lo políticamente correcto. “Para mí ser de izquierda es algo más que una definición ideológica, es una posición ante la vida, la sociedad y el pensamiento. Implica ejercer la crítica y la autocrítica. No acepto ni entiendo a quienes su posición ideológica les sirva como excusa para canalizar dogmatismos acríticos, maniqueísmos simplistas, racismos encubiertos y, peor aún, para verbalizar tonterías”. Su gurú es Albert Camus quien se opuso a las dictaduras y se alzó contra el terrorismo en Argelia. En Los justos el terrorista titubeó si matar al zar porque iba acompañado de su pequeño sobrino. “En aquel momento en que estaban tan de moda las luchas de liberación, Camus levantó su voz con claridad para puntualizar que siempre debe imperar la moral y que el fin no justifica los medios. A diferencia de Sartre que cerró el ojo, Camus se opuso al uso del terrorismo, al asesinato indiscriminado de civiles. También se opuso a Pol Pot, símbolo en el mayo de 1968, que hoy reconocemos que cometió un genocidio en Cambodia”. Para Rahola el mayor enemigo de la libertad en el mundo es hoy el fundamentalismo islámico. “El siglo XXI promete ser aún más sanguinario que el XX, que sumó estalinismo, fascismo y nazismo. Hoy el totalitarismo se ha mundializado. Un pequeño en cualquier rincón del mundo puede ser adoctrinado por un individuo perdido en Afganistán. Hoy el terrorismo es Goebbels con Internet y tenemos motivos para estar profundamente preocupados”. Argumenta que la izquierda, con enorme cinismo, le perdona la vida al terrorismo, no por afinidad ideológica sino por un antiamericanismo patológico. “Cuando en los 90 explotaron las bombas en Buenos Aires escuché a muchos asegurar que eso no era nuestro tema. Luego sucedió en Nueva York y hubo quienes lo justificaron: los americanos son malos, quizá se lo merecían. Cuando un suicida se inmoló en una cafetería de Tel Aviv o una calle de Jerusalén argüían que era cosa de judíos. En Kenya, Pakistán o Bali era porque ahí había muchos líos. Y luego nos sucedió en Londres y en Atocha y no había cómo explicárnoslo. Hubo irresponsables en los diarios que quisieron culpar a los judíos de lo que sucedía en Madrid. Parecían no entender que ese acto fue planeado cuatro años antes y que sólo obedece a nuestra irresponsabilidad por creer que el terrorismo islámico, que se opone a Occidente, no es cosa nuestra”. Va aún más lejos: “No nos protegimos, los servicios de seguridad sabían que podía suceder, habían identificado a los victimarios, pero tiraron las cintas porque no hubo intérpretes de árabe que las tradujeran”. América Latina abre las puertas al terrorismo A Rahola le inquieta que líderes como Chávez paseen sin el mayor escrúpulo a Ahmadinejad en Latinoamérica, ante el silencio de los políticos, la complicidad de la izquierda y la indolencia de los medios de comunicación. “Chávez es un fascista de izquierdas, un mesías reaccionario que usa la democracia para destruirla, empobrece a su rico país y lo peor es que, avalando el discurso antiyanqui y antiisraelí, ha dado entrada en Latinoamérica al fenómeno más perverso que existe en el mundo: el terrorismo islámico. La conexión no es ideológica, sino económica: cientos de miles de dólares han desembarcado en Bolivia, zonas de Ecuador y Venezuela, donde poblados indígenas son islamizados. En lugares con hambre, montan un hospital y les envían un iman”.
Asegura que la red de Hezbollah cabalga en Latinoamérica con sus lobbys de influencia, blanqueando gran parte del dinero jihadista, y que no sólo está desde hace años en la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil, sino que también comienza a infiltrar países como México, donde hay una proliferación de mezquitas en Chiapas. “Si seguimos pasivos, tarde o temprano lamentaremos haber alimentado este temible agujero negro que no sabemos hasta dónde llegará…” Rahola no teme seguir andando en solitario. Su piel se ha endurecido y no se calla. En la última década ha tolerando juicios, recriminaciones y amenazas continuas: “he ganado fortaleza, lucidez y conocimientos”. Los mellizos Kaczynski levantaron una querella criminal en su contra por haber acusado a Polonia de antisemita por las declaraciones de notables obispos y por el adoctrinamiento diario en Radio María. Por eso, evita Polonia. También rehuye visitar los países árabes, Venezuela y Cuba, por consejo de los servicios de inteligencia españoles. Pensó también que no regresaría a Brasil, de donde salió custodiada por policías del foro antiglobalización de Porto Alegre. Las amenazas de vida son continuas y de su casa sale a menudo con protección policíaca.
“Sé que me he puesto en la mira, pero no puedo evitarlo: tengo voz, información y compromiso moral. Cuando alguien me acusa que mi discurso es islamofóbico, yo respondo: ¿será el mío o el tuyo? Yo defiendo a las mujeres islámicas esclavizadas y a las niñas mutiladas; alzo la voz por los intelectuales con fatwas, por los estudiantes universitarios iraníes, qué también son musulmanes. Defiendo un Islam que tiene derecho a vivir en libertad con su religión y su cultura. La mayoría de los que se oponen a mi discurso defienden a los terroristas, a los ideólogos y a las dictaduras. Si nos callamos traicionamos también a los millones de musulmanes en el mundo que quieren vivir en paz y armonía”. Asegura que Europa titubea. Lamenta que se haya pedido perdón por las caricaturas de Mahoma, que el Papa haya pedido disculpas por decir que en nombre de Dios no se justifica matar, que se acepte que una mujer esté esclavizada tras el velo, o que una niña de 14 años no pueda ya estudiar. “Europa está ofuscada y confundida, debatiéndose en torno al multiculturalismo. El nazismo nos enseñó que hacer la siesta y no actuar, nos destruye, pero seguimos atados a los prejuicios y a la desmemoria. Hoy gran parte del mundo, incluyendo a Europa y a Latinoamérica, juega al síndrome de Chamberlain creyendo que se puede dar la mano al integrismo islámico, un planteamiento fanático, totalitario y bélico que atenta contra nuestros valores democráticos. No queremos darnos cuenta que la pagaremos si seguimos haciendo la siesta, si seguimos disculpando a Hamas, a la Jihad o a Hezbollah, como si se tratara de milicianos y no como lo que son: terroristas”. Rahola sostiene que el catolicismo ha abierto los ojos: “De ser el primer culpable del estigma antisemita, hoy es uno de los principales defensores del pueblo judío. Después de dos mil años de estigmatización de un pueblo, hay muchas meas culpas en la iglesia católica, y las voces más públicas comienzan a reconocer el error, pero aún su voz es muy bajita”. Asegura que hay demasiado dinero para sostener esta ideología totalitaria que contamina a diario a miles en mezquitas con imames fundamentalistas. “El conflicto palestino es una excusa y muchos se la tragan–arguye–. Siria, Arabia Saudita e Irán alimentan este conflicto de manera permanente y con enormes cantidades de dinero usan niños en actos suicidas, inculcando el amor a la muerte como forma de vida. El cerebro de muchos niños no es ya Harry Potter, sino un Ali babá de las montañas que los condena al suicidio”. El terrorismo islámico, señala, no implica guerrilleros románticos, ni héroes resistentes, ni propuestas de paz, aunque la semántica de los medios europeos así quiera calificarlos. “Simplemente ciudadanos destruidos en su individualidad, educados en el odio, usados para imposibilitar la paz, auténticas máquinas de guerra contra la convivencia, y dinero, mucho dinero del petróleo, dedicado a engordar, posibilitar y consolidar una ideología totalitaria contra Occidente. No olvidemos que de los casi 30 conflictos abiertos en el mundo, más de 20 tienen motivaciones islamistas, desde Cachemira hasta Chechenia, desde Sudán a Palestina”. La periodista señala que en Pakistán hay cuando menos siete mil madrazas coránicas que enseñan unos 600 mil alumnos y que se calcula que la mitad pasará a ser militante radical usando a la religión como arma contra Occidente. “Parte del problema es que el petróleo atenta contra nosotros mismos. Es nuestra arma de destrucción masiva, también lo es nuestra pasividad y miopía. De eso estoy segura”, concluye. RECUADRO Pilar Rahola, quien escribe una columna diaria en La Vanguardia y tiene un programa televisivo y otro radiofónico en su país, viaja desde el 2002 impartiendo conferencias de la manipulación mediática en asuntos de Medio Oriente, de la hipocresía a conveniencia de la izquierda, del terrorismo islámico y de la falta de libertades para la mujer en el Islam fundamentalista. Vive amenazada por musulmanes fanáticos que quisieran acallarla. Es doctora en Filología Hispánica y también en Filología Catalana. Tiene tres hijos, una biológica, Sira, y dos adoptados, Noé en 1993 y Ada en Siberia en 2001. Hija de un liberal que le enseñó a luchar contra el fascismo y de una mujer que le dio reciedumbre de carácter, creció entre políticos e intelectuales. Desde muy joven comenzó en el periodismo. De 1987 a 1990 fue directora de la editorial catalana Portic y fue la responsable de editar obras como Bella del señor de Albert Cohen y La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe. De 1993 a 2000 fue diputada del Parlamento español por la Izquierda Republicana Catalana, la única diputada republicana de la Cámara. Participó en la investigación de corrupción del gobierno socialista. Fue también en esos años vicealcaldesa de Barcelona. En 1997, por conflictos, abandona su partido y fue cofundadora del Partit per la Independencia, que resulta un fracaso. “Me cansé de las luchas por el poder, los políticos sólo tienen síndrome de auto oficial”, acusa. Abandona la actividad política en 2000 y se da cuenta que la pluma es más poderosa. “La época más lúcida de mi vida es ésta en la que decidí dejar la política”, dice. Como periodista ha estado en tres guerras: la de los Balcanes, la de Etiopía contra Eritrea, y la del Golfo desde Jerusalén. Sus temas preferidos son: el Islam, la esclavitud de la mujer, la mutilación genital, el Oriente Medio y “las barbaridades que se publican sobre Israel”.
Visitó Israel por vez primera a los 19 años, con la mochila al hombro, inspirada por la ideología filo semita de su casa, paradójicamente en una España sin judíos. Llevaba la consigna de conocer un pueblo que, no obstante la persecución, consiguió salir adelante. Había leído Oh Jerusalén, de Dominique La Pierre, empacó latas de atún y casi sin dinero se instaló dos semanas en el kibutz Ein Gedi. “De ese pueblo, tenía la lírica: el dolor; y la épica, es decir la creación a partir de tierra pantanosa. Lo recorrí todo y mal, pero me fascinó”, dice. De entonces a la fecha ha vuelto decenas de veces a Israel. No se siente su abanderada, pero este país, dice ella, enarbola los valores democráticos en los que ella sustenta su credo: los derechos de la mujer, los débiles y la infancia, la lucha contra el racismo, la cultura, la libertad. “No todos sus gobiernos me gustan, pero hay una vida democrática interna muy crítica. Para mí Israel no es un problema, Israel forma parte de la solución, y sin embargo, pocos han querido verlo. La mayoría de ‘los expertos’ ni siquiera conoce la zona, hablar de este tema resulta gratuito”. Ha publicado entre otros: La questió catalana; Mujer liberada, hombre cabreado; Carta a mi hijo adoptado, Historia de Ada, Los derechos pisoteados de los niños y A favor de Israel, publicado en 2004. Su conferencia "Los judíos y las moscas" que dictó en la UNESCO en mayo de 2003, fue uno de los primeros textos europeos de denuncia del papel de la izquierda y de la falta de objetividad de los medios de comunicación con respecto a Oriente Medio. Es una voz crítica en su país; una rebelde, dice ella. Ha sido republicana en un país monárquico, anti taurina en un país de toros, mujer potente en un país machista, una izquierdista inconforme. “El mío no ha sido un camino de rosas, pero siento que no me he equivocado. La mejor trinchera es la palabra, la palabra que confronta ideas…”

Diario REFORMA. México.
Cortesia de Emilio Srougo. B'nai Brith Mexico. Consejo Nacional
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