LAS HISTORIAS DIFERENTES

Disneylandia en Yenín
Por Sal Emergui (El Mundo) en Guysen International News


Ibrahim Haddad no oculta su orgullo. A los pies de su imponente palacio, recuerda sus inicios como modesto herrero. Tal y como indica su apellido. Miembro de una modestísima familia árabe cristiana de Nazaret que emigró a Yenín en 1920, Haddad puede presumir de haber cumplido muchos de sus sueños. La típica historia de cenicienta es hoy la nueva cara de Yenín y Cisjordania. El violento escenario durante la Intifada Al Aksa se ha convertido hoy en el lugar preferido por muchas familias palestinas. Ver para creer. Y Haddad creyó.
“Mi gran sueño es traer el turismo internacional para desarrollar nuestro país. No quiero que vengan aquí solo para solidarizarse por nuestra situación sino para disfrutar”, dice mientras nos enseña el lugar de la futura piscina y jacuzzi. Cuando uno entra en su villa, se asombra. Por lo que había hace muy pocos años y por lo que se levanta hoy. Los estereotipos de Yenín se rompen al recorrer el hotel de cinco estrellas (63 habitaciones), el espectacular anfiteatro, el “Museo de la herencia palestina”, el teatro, los restaurantes, jardines y la joya de la corona: el parque de atracciones. Una auténtica isla de ocio y risas. Así lo confiesa el artífice: “Lo más bonito es ver a los niños sonreír y pasárselo bien en el parque de atracciones. Los palestinos también tenemos derecho a pasarlo bien”. Visitamos la Disneylandia palestina mientras es invadida por varios colegios de Jericó y Nablús que se mezclan con familias árabes israelíes. “Tras años de bloqueo y violencia, los niños se merecen disfrutar como lo hacen los niños de todo el mundo”, dice Fatwa una mujer de Kalkilia que aclara: "Hay menos controles militares israelíes, las cosas van mejor y tenemos este parque de atracciones pero, no se equivoque, aún vivimos bajo la ocupación". Bassem es un asiduo de la noria palestina. No solo por sus hijos sino quizás porque es amigo del dueño. “Hace unos años, Ibrahim dijo que iba a crear todo esto. La gente se rió diciendo ´¡Está loco! ¿Qué quiere hacer? ¡Si aquí hay guerra!”, recuerda. Haddad creó de la nada un auténtico imperio empresarial e industrial en Cisjordania con numerosos contratos en Israel. En el 91, invirtió todos los beneficios en 34 dunams de una abandonada colina adyacente a Yenín. “Los israelíes tardaron ocho años en darme todos los permisos para construir. Solo necesitaba eso ya que yo mismo era el diseñador, creador, promotor y único patrocinador”. Hoy le hacen más caso. El primer ministro palestino, Salam Fayad, le pone como ejemplo y el enviado del Cuarteto Internacional, Tony Blair, le suele visitar. “Blair es un buen amigo que está haciendo un gran trabajo en el terreno promoviendo la economía palestina”, afirma. ¿No teme que la tensión en Cisjordania en torno a Jerusalén Este y el estancamiento del proceso de paz provoque una nueva Intifada que ponga fin a todo esto? “Siempre hay un riesgo pero soy optimista. No queremos más violencia. Si pensara en los riesgos, no hubiera llevado a cabo este proyecto”, responde sin perder la sonrisa. Antes de abandonar la zona de Yenín, damos un salto a su campo de refugiados donde espera un viejo conocido. Zacaria Zubeidi, líder de las milicias de las Brigadas de los Mártires Al Aksa, conoce el éxito del proyecto de Haddad. Pero advierte: “En la cárcel israelí, yo podía jugar al fútbol, me daban diarios, veía la televisión y tenía visitas pero me faltaba libertad. En Yenín ahora hay restaurantes y diversiones pero seguimos estando en una cárcel. Si no hay solución al conflicto, no tendremos otra alternativa que una nueva Intifada". En este artículo, Haddad tiene la última palabra. Y un sueño destinado a su pueblo y a sus cuatro hijos y diez nietos. “Mi gran sueño es albergar en mi anfiteatro la ceremonia de la firma del acuerdo de paz”, concluye mientras se escuchan los gritos infantiles y divertidos del parque de atracciones Made in Palestine.