CUANDO LA RELIGION GOBIERNA AL PODER POLITICO


EL ISLAM, A LA CONQUISTA DEL MUNDO

El Islam está de moda; es algo que todo el mundo reconoce. En cualquier lugar del mundo los fieles islamitas presentan su voluntad de atacar a los que ellos denominan “cafres”: la presencia de tropas en Iraq, las tropas de pacificación en Líbano y Afganistán, Ceuta y Melilla, la existencia del estado de Israel o cualquier situación que los “cafres” realicen y no guste a los teócratas del Islam
La fundación de estados islámicos sobre grandes masas de recursos naturales como el petróleo han alimentado la fuerza expansiva del Islam, recluido en principio en áreas del planeta marginales y sin peso político. Sin embargo, una economía avanzada requiere una estructura social avanzada, lo que resulta imposible en un sistema político de corte teocrático y medieval, dominado por clérigos que sólo respetan la Sharia o Ley Islámica basada en el Corán, como en el caso de los chiitas de Irán o los wahabbitas de Arabia Saudí, de donde es originario Bin Laden.
Algunos analistas ingenuos piensan que los actos terroristas y de guerra son propiamente coyunturales y ajenos al Islam. Pero lo cierto es que el Islam, ya desde su fundación en el siglo VII por Mahoma, ha tenido voluntad de conquistar el mundo. Pese a que se presenta al Islam como tolerante por considerar a Jesucristo como profeta previo a Mahoma y reconocer a Mariam (la Virgen María) como embarazada por el espíritu de Dios, según el Corán, este mismo libro afirma: “Creed pues en Alá y su mensajero y no digáis tres, es mejor que desistáis”, negando en consecuencia la Trinidad cristiana y también la Crucifixión de Dios.
Por lo tanto, el islamismo es una vulgar copia del cristianismo, o lo que es lo mismo, adoctrinamiento propio del Antiguo Régimen feudal hasta unos límites que en Occidente no se han producido, pues ninguna iglesia cristiana jamás ha intentado suplantar al poder político, como sí ha sucedido en los países islámicos.
Con estas pretensiones, los países islámicos van incrementando su poder en el mundo. Irán prosigue su escalada de amenazas nucleares, aunque según los servicios secretos israelíes no tendrá bomba atómica hasta 2012, pudiendo entonces cumplirse el deseo de Ahmadineyad de “borrar del mapa” a Israel. Al mismo tiempo, el presidente sirio, Bashar Al Asad, intenta recuperar la meseta del Golán, que Israel conquistó en la guerra de 1967. Mientras, el rey Abdula de Jordania se ofrece como anfitrión de conversaciones entre Al Fatah y Hamas. Jordania, que en su día bajo el mandato del Rey Hussein masacró a la OLP por intentar segregar la Transjordania, apoya sin embargo el terrorismo palestino para perjudicar a Israel.
Según El Revolucionario, más curioso es el caso de las relaciones Venezuela-Irán, que ahora fructifican en la forma de un proyecto de construcción de un azucarero en el país caribeño con colaboración de los iraníes. Quizás aportaciones técnicas de este tipo expliquen las relaciones entre un país presuntamente revolucionario y una teocracia clerical como Irán, por otro lado ciertamente extravagantes.