EE.UU. EN IRAK Y EL DESPERDICIO EN LA INTENCION


El despropósito de Bagdad
Por Daniel Pipes en Guysen International News


Las elecciones inconclusas celebradas hace poco en Irak se acompañarán a renglón seguido en agosto de la retirada de las tropas estadounidenses, haciendo de éste un buen momento para preguntar lo que ha sacado el contribuyente estadounidense en limpio con los 45.000 millones de dólares gastados en la reconstrucción de Irak desde 2003 y qué medidas adoptar.
Esos 45.000 millones de dólares no incluyen los gastos del propio ejército estadounidense, sino 21.000 millones de dólares en las fuerzas de seguridad iraquíes, 11.000 millones en infraestructuras iraquíes y 6.000 millones en varias instancias del gobierno iraquí. Lamentablemente, esta enorme suma ha sido desperdiciada casi en su totalidad. En primer lugar, porque una vez que las fuerzas de la coalición abandonen Irak en agosto, los mulás de Teherán empezarán su toma del poder; en segundo lugar, porque la arrogancia y la incompetencia se han cebado con el gasto norteamericano en Irak. Para hacerse una idea de esos errores, vamos a examinar el proyecto estadounidense de prioridad más elevada, a saber, la embajada norteamericana de Bagdad. Todo lo relativo a esta embajada, proyectada en el apogeo de la ocupación estadounidense en 2004, es descomunal. Como las dependencias diplomáticas más grandes de la Tierra que son, se extienden en 104 acres (42 hectáreas), lo que las hace diez veces más grandes que la mayor embajada siguiente (la misión diplomática estadounidense en Pekín) y sólo ligeramente menores que la Ciudad del Vaticano. Una mini-ciudad en sí misma, sus 21 edificios albergan tiendas, restaurantes, escuelas, un cine, un parque de bomberos e instalaciones deportivas, de abastecimiento eléctrico, telecomunicaciones, saneamiento y potabilización. Gruesos muros de quince pies protegen el complejo. Una plantilla de 5.500 personas reside allí. El presupuesto anual de la embajada llega a rondar los 1.500 millones de dólares. El complejo ha sufrido retrasos, salidas del presupuesto y problemas de calidad en la construcción. De coste previsto en 592 millones de dólares y apertura en 2007, costó realmente 700 millones y abrió en 2009. Un artículo del Washington Post relata las tribulaciones de una residencia militar recién estrenada: Los primeros indicios de problemas... surgieron cuando el personal de cocina intentaba preparar el almuerzo de inauguración de las nuevas instalaciones el 15 de mayo [de 2007]. Algunos electrodomésticos se averiaron. Los pinches empezaron a recibir descargas eléctricas. Luego, un olor a quemado envolvió las cocinas a medida que el cableado empezaba a derretirse... el apagón eléctrico fue solo el primero de los problemas fruto de una serie de errores de construcción que pronto hicieron la base inhabitable, incluyendo problemas de cableado, fugas de combustible y gases tóxicos en los remolques usados como dormitorios. El fabricante de los remolques, una compañía saudí, sugirió amablemente que los militares mantuvieran abiertas las ventanas y que usaran carbón vegetal para absorber el hedor, sin éxito. Cada una de las diez centrales eléctricas sufrió fugas porque los constructores utilizaron aislante de teflón diseñado para el agua, que la gasolina disuelve al entrar en contacto. Los defectos de construcción se pueden remediar, pero no el insolente tamaño y la ubicación agresiva, que insinúan el dominio americano permanente sobre Irak. La embajada se asienta sobre suelo expropiado (es decir, no comprado) dentro de la "Zona Verde", un área administrativa antes propiedad de Saddam Hussein que bordea el río Tigris en pleno corazón de Bagdad. El International Crisis Group observa que el masivo complejo de la embajada "es visto por los iraquíes como una indicación de quién ejerce realmente el poder en su país". Jane autora de La arquitectura de la diplomacia: la construcción de las embajadas de Estados Unidos, añade que Washington "ha diseñado una embajada que no transmite ninguna confianza en los iraquíes y escasas esperanzas en su futuro". Anne Gearan, de Associated Press acertadamente predice que el complejo "puede convertirse rápidamente en un despropósito". William se burla del complejo como una "cárcel" de construcción propia. Como era de esperar, los políticos que necesitan del respaldo de América en Irak celebran esta expresión de la influencia estadounidense: el Presidente iraquí Jalal Talabani dice que el complejo sirve de "símbolo de la profunda amistad entre los dos pueblos de Irak y Estados Unidos", mientras que el Ministro de Exteriores Hoshyar Zebari hace suyas sus colosales dimensiones, viendo en ellas "un signo del compromiso del gobierno estadounidense con la democracia en Irak".Hace seis años, me declaré incómodo con "la dimensión monumental de esta embajada... Mucho mejor sería delegar la toma de decisiones en un líder iraquí y mantener una reducida presencia estadounidense. Si no se hace antes, me temo, se hará después y en circunstancias menos favorables". Estas circunstancias desfavorables están ahora a cinco meses de producirse; el desproporcionado complejo sobre terreno expropiado en el centro de Bagdad probablemente se convierta en un símbolo de la arrogancia norteamericana, irritando a los iraquíes y haciendo al país más vulnerable a la influencia iraní. La aberración ya ha sido levantada, así que es demasiado tarde para detener ese acto de extralimitación diplomática. Pero cuanto antes sea entregado el complejo a los iraquíes, destacando al personal estadounidense en una embajada de tamaño normal sobre terrenos con la compra en regla, mejor será para las futuras relaciones Estados Unidos-Irak.


Publicado en National Review Online