LOS ASENTAMIENTOS Y JERUSALEM


"¡Disparen sobre Israel!"
Por Nahum Bergstein - Ex legislador del Partido Colorado

Los acontecimientos se dan de determinada manera. Hay una verdad objetiva que no depende del color del cristal con que se la mire, porque es una sola. A partir de ahí cada quien podrá extraer sus conclusiones, compartibles o no. En el conflicto entre Israel y sus enemigos, a la hora de expresar mis opiniones, no soy ni pretendo ser neutral. En cambio, intento ser lo más objetivo posible.
Esto viene a propósito de las causas del actual deterioro de la situación en el Medio Oriente. manifestaciones violentas; convocatorias de Hamas a una tercer "intifada"; un cohete mató a un agricultor que trabajaba en un kibutz y otro provocó dos lesionados leves; una minicrisis nada menos que en las relaciones entre Estados Unidos e Israel; y una advertencia de la Autoridad Palestina de que "no habrá negociación alguna sin el fin de la colonización"; integran en una región de por sí tan convulsionada, la crónica cotidiana de la semana pasada.
Las causas son varias. En primer término, la concesión del permiso para la construcción de 1.600 viviendas en una zona de Jerusalem Oriental de larga tradición judía, de la cual fueron expulsados por los árabes en 1936 como secuela de los pogroms organizados por el Mufti de Jerusalem, en el cual murieron más de 500 judíos. Parte de esas tierras fue adquirida por la comunidad judía en 1876. El emprendimiento, a cargo de privados, se completaría con mejoras viales en sus accesos y su iniciación efectiva demoraría aún varios meses.
La segunda causa de los disturbios es la inauguración de la sinagoga Hurva, cuya construcción se inició en el siglo XVII pero se interrumpió hasta mediados del siglo XIX, y se completó en 1864 convirtiéndose en la principal sinagoga de la comunidad ashkenazí de Israel, símbolo de la presencia religiosa judía. Según el primer censo registrado, (1840, Imperio Otomano) los judíos, ya entonces, constituían la comunidad más numerosa de Jerusalem. Cuando el dominio jordano, entre 1948 y 1967, la sinagoga fue dinamitada por soldados jordanos. Se inició su reconstrucción en 2005 y su reciente inauguración se interpretó por parte de algunos palestinos, como una provocación, alegando que ponía en peligro la mezquita de Al Aksa, ubicada a 300 metros.
Finalmente, la tercer causa de los actuales enfrentamientos se debe a la construcción de nuevos asentamientos. En diciembre del pasado año, Netanyahu decretó una suspensión de nuevos asentamientos por un plazo de diez meses para facilitar la iniciación de conversaciones de paz con los palestinos y, hasta donde me consta, dicha moratoria permanece en vigencia.
Hasta aquí los hechos.
Las 1.600 viviendas no constituyen un nuevo asentamiento sino la ampliación de dos barrios de Jerusalem. Más allá de la desproporción entre las causas y las reacciones, que fueron primera plana en todo Occidente, reaparece la táctica palestina de invocar motivos, incluso pueriles, para entorpecer la iniciación de negociaciones para una paz con Israel, y si fuera poco, recurriendo a procedimientos intimidatorios. Lo mismo sucede con la inauguración de la reconstruida "Hurba". (¿Tendrán que apelar a la ayuda de efectivos jordanos para volver a dinamitarla?).
Si ni es una razón, habrá otra. Se trata de confundir a una opinión pública de occidente proclive en buena medida a creer la versión palestina. Los permisos de construcción en determinado barrio de Jerusalem se transformaron retóricamente en nuevos asentamientos, o sea permisos para crear nuevas localidades. La inauguración de una antigua sinagoga reconstruida, pasó a ser una amenaza a la mezquita de Al Aksa. El mantenimiento de la moratoria para construir nuevos asentamientos ­aquí sí se trata de asentamientos­ por un plazo que vence en setiembre, se presenta por arte de magia como lo opuesto.
Debo dejar claro que los asentamientos no me entusiasman, pero con la misma claridad agrego que no son un impedimento real para llegar a la paz. Su eventual desmantelamiento parcial o total sólo podrá inscribirse en un acuerdo de paz general pero no como precondición para una negociación incierta. Históricamente, las concesiones unilaterales por parte de Israel no obtuvieron como respuesta una recíproca concesión palestina sino que fueron el disparador para nuevos reclamos. La conmoción de estos días responde a una estrategia cuyo objetivo pretende encubrir el factor esencial de que no es la existencia de un estado palestino con preponderancia árabe coexistiendo con un estado preponderantemente judío (algo con lo que la gran mayoría de los israelíes está de acuerdo) sino la propia supervivencia de Israel lo que está en juego.
Una semana después de la Guerra de Seis Días, Abba Eban pronunció en las Naciones Unidas su histórico discurso proponiendo la devolución de los territorios que se habían conquistado ocho días antes, a cambio del reconocimiento de Israel, negociaciones bilaterales, y paz. Entonces no existía ningún asentamiento judío en Cisjordania y Gaza, pero la propuesta fue sumariamente rechazada: Los verdaderos asentamientos que estaban en la mira de la nación palestina se llaman Tel Aviv, Beer Sheva o Haifa, o sea el propio Israel. (Dicho sea de paso, el 6 de marzo, con anterioridad a los últimos hechos, se publicó en un diario londinense en lengua árabe, un artículo suscrito por Abd Al-Rahman, director de Al Arabiya, donde entiende que aún si no se mantuviera la congelación de asentamientos los palestinos deberían encarar las tratativas de paz).
Por una razón u otra Israel es puesta a la defensiva, obligada a dar explicaciones a despecho del asedio humillante al que se la somete en el ejercicio de su soberanía legítima, y se cuestiona su derecho a la legítima defensa frente a agresores cada vez más arrogantes e iracundos Al parecer, todo esto importa poco: ¡Disparen sobre Israel!