NUEVAS MEDIDAS DE SEGURIDAD ANTE AMENAZA TERRORISTA


Los terroristas nos dejan en cueros
INOCENCIO ARIAS


El presidente Obama se ha reunido con unos 50 jefes de Gobierno para tratar la cuestión nuclear. Aunque no hay que tirar cohetes, el cónclave no fue mal. El objetivo era concienciar a los dirigentes de la necesidad de controlar el material nuclear de que disponen. Las autoridades estadounidenses tienen un temor fundado a que tarde o temprano suficiente material para fabricar una bomba nuclear sea robado de un depósito o comprado bajo mano por un grupo terrorista.El panorama de unos fundamentalistas anunciando en la tele que han colocado una bomba en Londres, Nueva York o Chicago y que la van a hacer explotar si no se satisfacen unas demandas imposibles aterra. Ciertamente, ya no es ciencia ficción. Tendríamos un pavoroso argumento que no lo mejoraría Ian Fleming, solo que en este caso James Bond no llegaría a tiempo.Aprendiendo de experiencias recientes, las autoridades refuerzan las precauciones que inevitablemente hacen aumentar las molestias para los viajeros en Estados Unidos o que llegan al país. Los terroristas ya son responsables directos de las colas prolongadas con pase por rayos de los abrigos, equipaje de mano y demás, para detectar cualquier objeto cortante (lección aprendida con los fanáticos de las Torres Gemelas), de que nos tengamos que descalzar en los aeropuertos (lección del terrorista Richard Reid que en el 2001 intentó volar un avión con un explosivo en el calzado), de que se nos prohíba subir con líquidos, agua, colonia (explosivo con peróxido del metro londinense en el 2005) y ahora van a desnudar a bastantes de nosotros.Con objeto de evitar la repetición del caso del nigeriano de las últimas Navidades que llevaba material inflamable dentro de los calzoncillos, los servicios de seguridad yanquis (TSA) han comenzado a instalar escáneres en los aeropuertos. Los aparatos ven prácticamente a la persona desnuda mostrando cualquier objeto o sustancia que quiera ocultar, con la excepción de lo que lleve en el trasero (caso reciente de Al Queda en Arabia Saudí) o en cualquier otra cavidad. La detección, entonces, no está garantizada.Los aparatos funcionan con radioactividad, por lo que la primera pregunta es la de si son peligrosos. Las autoridades sanitarias americanas garantizan que no. Uno tendría que pasar unas 2.500 veces por el escáner para tener un leve riesgo.La segunda cuestión es la privacidad. ¿A quien le apetece que un par de funcionarios te vean en pelotas, o que se regodeen con tu pareja o tus hijos? Los promotores del sistema aseguran que el agente que te encara físicamente no es el mismo que en otra habitación ve tu contorno y tus interioridades y que las imágenes no serán conservadas. Aunque la máquina puede técnicamente hacerlo, 70% de los estadounidenses prefieren pasar por ella antes de que los manoseen cacheándolos. Las máquinas instaladas son hasta ahora solo 500. Estados Unidos tiene en total 450 aeropuertos, en los que hay 2.100 líneas-controles de seguridad, y diariamente toman el avión unos 2 millones de personas. Lo que significa que el número de personas despelotadas por las máquinas será por el momento solo el de unos cuantos sospechosos.Es obvio que eso implicará mayores retrasos. Lamentablemente, la mente canalla de los terroristas, ayudados por el florecimiento de los suicidas, siempre va por delante y dentro de poco, con un diferente atentado, sufriremos otra incomodidad supletoria.