OBAMA-NETANYAHU: ANALISIS Y NUEVA REUNION


Benjamín Netanyahu: entre Washington y Cisjordania
por: Daniel Alaluf (Desde Jerusalem) HORIZONTE

A poco más de un año de la llegada al gobierno de Benjamin Netanyahu y su coalición de gobierno, pocos han sido los aciertos y muchos los errores. "Israel necesita un líder que, ante todo, tenga el valor de comprometerse y usar el arte de la política y los juegos de coalición a fin de avanzar en políticas que ayuden a resolver los cruciales problemas del país, en lugar de buscar aliados para poder sobrevivir tres años más. La supervivencia de Israel como un Estado democrático con límites aceptados internacionalmente se deben encontrar por sobre cualquier otro tipo de supervivencia personal", afirma el autor del siguiente análisis.
De la mano de Benjamín Netanyahu, Israel se encuentra en uno de sus peores momentos históricos en el ámbito internacional. Los acontecimientos de las últimas semanas entre Jerusalem y Washington, las actitudes de los diferentes gobiernos europeos hacia Israel (expulsión de un diplomático israelí de Gran Bretaña, y la furia del gobierno francés), las desmedidas respuestas del "mundo libre" frente a la eliminación terrorista Mahmoud al-Mabhouh en Dubái - que se le adjudica al Estado judío-, las tensiones con a los palestinos tanto en Cisjordania y Gaza, las malas relaciones con Turquía, el congelamiento de las negociaciones con Siria y el fracaso internacional a fin de frenar la carrera nuclear iraní, ponen seriamente en duda la efectividad de la gestión de Netanyahu.La retórica pseudo pacifista de Netanyahu poco tiene que ver con su personalidad, su ideología expansionista y su peligroso gobierno de extrema derecha. Si el líder realmente desearía llegar a un acuerdo de paz, o al menos demostrar al mundo que el liderazgo palestino no está interesado en acuerdo alguno - como también parece ser -, no se empeñaría entorpecer el proceso con decisiones políticas como las tomadas durante las últimas semanas frente a temas cruciales como la Tumba de los Patriarcas, la construcción en los vecindarios árabes Sheik Hara y Shuafat, y mucho menos lucharía frente a los Estados Unidos a fin de continuar construyendo en los territorios ocupados.
No hay que poseer un Premio Nobel de la Paz para deducir que si para el gobierno actual la construcción en Shuafat y Silwan es igual a la construcción en Tel Aviv, será imposible llegar a un acuerdo de paz sin importar con quién se lo negocie.
La continuación de la ocupación y la constante construcción en Cisjordania, despierta ya desde hace tiempo en el -así denominado- "mundo libre", dudas sobre las características del movimiento nacional judío. El objetivo de los ideólogos y de los fundadores del Estado judío no fue dominar por la fuerza a otro pueblo, sino lograr algo aún más difícil: gobernar democráticamente al pueblo judío. Lamentablemente grandes son los sectores en el mundo que ven erradamente a la ocupación israelí como una característica del sionismo y no como una política aplicada por circunstanciales coaliciones gubernamental, que por más de 40 años, han malinterpretado sistemáticamente este tan noble ideal.
Netanyahu -y gran parte de la sociedad israelí- deben despertar y darse cuenta de que existe una comunidad internacional, una opinión pública mundial, y a pesar de que ellos consideren que estas dos están completamente equivocadas, las mismas no pueden ser ignoradas ya que el daño para el Estado judío es de gran magnitud.
Presión desde Washington
Las últimas declaraciones de la Casa Blanca afirman que "la política del gobierno israelí actual es contra productiva para los intereses americanos". No nos equivoquemos, ni la Unión Europea ni los Estados Unidos tienen políticas oficiales anti-israelíes o anti-semitas pero ambos están en desacuerdo con la política de Netanyahu y temen que un conflicto en la zona ponga en peligro sus intereses.
Para el gobierno estadounidense, un año es suficiente para que el líder israelí revele sus verdaderas intenciones. Llegó el momento que Netanyahu demuestre que cuando declaró su intención de llegar a un acuerdo que lleve a "dos estados para dos pueblos" esto no fue tan solo otra más de sus históricas. La administración de Obama desea comprobar "a que se refirió el líder".
Las acciones del gobierno israelí actual no reflejan en lo más mínimo el histórico discurso pronunciado por el Premier Israelí en la Universidad de Bar Ilán en el pasado mes de junio -con el cual compró unos meses de silencio internacional-. Netanyahu debe demostrar que su retórica, tomada de aquella que perteneciera a la izquierda israelí en los años ´90, tiene como fin algo más que simple propaganda barata. Para los estadounidenses, los europeos y el mundo entero (incluida gran parte de la población israelí) llegó el momento de que Netanyahu demuestre -al igual que Ariel Sharón y Ehud Olmert- que existe algo con que respaldar sus palabras.
Tras sólo un año de gobierno, la extrema derecha israelí es la única ganadora, continúa -como durante los últimos 43 años- marcando el accionar político del Estado, velando erróneamente por sus intereses propios por sobre los intereses del Estado de Israel y del pueblo judío; guiándose por políticas mesiánicas que arriesgan la propia existencia del Estado judío y haciendo cada vez más viable la catastrófica solución del conflicto palestino-israelí por medio de un Estado binacional.
El Primer Ministro israelí y sus socios parecen creer que pueden negar todo tipo de concesiones en lo que a Jerusalem respecta, mientras que al mismo tiempo "desean" negociar con los palestinos y mantener las buenas relaciones con un gobierno americano que debe fortalecer sus lazos con el mundo árabe.
El 19 de Enero del 2009, tras finalizar la operación militar contra el grupo terrorista Hamas en Gaza, los líderes de varios países europeos (José Luis Zapatero, Nicolás Sarkozy, Gordon Brown, Angela Merkel, Silvio Berlusconi y Mirek Topolanek) se hicieron presentes en Jerusalem para apoyar al Estado de Israel. Hoy, a poco más de un año, son estos líderes quienes critican la falta de compromiso del Premier israelí. El fracaso de la política exterior israelí y sus culpables están claros.
En el Medio Oriente del 2010, a un año de subir al poder, los roles se han intercambiado dolorosamente: para la opinión pública internacional son hoy en día los grupos terroristas palestinos quienes buscan la paz mientras que la única verdadera democracia de Oriente Medio es quien la rechaza. Esta percepción debilita claramente al Estado de Israel y lleva a sus aliados a alejarse de él. Israel debe ayudar a Barack Obama a posicionar nuevamente a Israel como parte de la solución y no parte del problema.
Conclusión
Durante 12 meses, Benjamín Netanyahu, se ocupó de mantener maquiavélicamente su puesto. Satisfaciendo las irracionales peticiones partidarias de sus cómplices religiosos de coalición, y callando ante las desproporcionadas declaraciones de su Ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman. Todo esto acompañado por la falta de conciencia y compromiso ideológico de los líderes del decadente partido Avodá.
Israel necesita un líder que, ante todo, tenga el valor de comprometerse y usar el arte de la política y los juegos de coalición a fin de avanzar en políticas que ayuden a resolver los cruciales problemas del país en lugar de buscar aliados para poder sobrevivir tres años más. La supervivencia de Israel como un Estado democrático con límites aceptados internacionalmente se deben encontrar por sobre cualquier otro tipo de supervivencia personal.
¿Llegará pronto el día en que Netanyahu decida que hacer? Un año de indecisiones y "jugando a dos puntas" ya ha demostrado ser catastrófico. Las opciones del premier aparentemente son claras: aliarse a las potencias occidentales o defender a todo precio su coalición de derecha. El mundo no acepta más el cómodo estatus quo que Netanyahu intenta mantener. Paradójicamente, a un año de llegar al poder, Netanyahu enfrenta los mismos dilemas que tuvo al decidir quienes serían sus socios en el gobierno. Esto demuestra que su elección no fue quizás la más acertada.
Llegó el momento en que este gran orador se convierta en un gran líder por medio de hechos y no palabras.