ENTREVISTA A FILOSOFO FRANCES


Soy más judío que antes
Entrevista al filósofo Bernard-Henri Lévy
Por Uri Slai, Yediot Ajaronot


Durante un año el filósofo y politólogo francés Bernard-Henri Lévy se dedicó a estudiar las circunstancias en las que en el año 2002 fuera asesinado en Pakistán el periodista judío Daniel Perl. Las conclusiones las volcó en un libro ya editado en la Argentina llamado ¿Quién mató a Daniel Perl? Sus conclusiones lo llevan al fundamentalismo islámico o como él lo denomina el "neoantisemitismo". En este reportaje, sintetizado, explica su posición hacia la guerra de Irak, la relación entre terrorismo islámico y machismo, la posición ante el velo islámico y las diferencias entre el odio a Israel y el antisemitismo. Levy es hoy uno de los exponentes más destacados de la izquierda europea a quien no le molesta su condición judía.
—Muchos israelíes piensan que el odio a Israel y los judíos es parte de la cultura islámica. En su libro usted sostiene que Perl fue asesinado por extremistas islámicos por ser judío. ¿Se puede hablar de un Islam bueno y otro malo?
-Decir que el Islam odia a los judíos es tan tonto como decir que el judaísmo odia a los árabes. La mayoría de las víctimas del extremismo islámico son los mismos musulmanes como los afganos o los talibanes.
—¿Qué puede hacer Israel ante esta situación?
—Encontrar aliados dentro del Islam. Por ejemplo las mujeres argelinas sometidas, los musulmanes franceses que son atacados por los neonazis, los musulmanes en Bosnia. Son sólo algunos ejemplos.
—En su libro usted sostiene que el politólogo Samuel Huntington, que habla de choque de culturas, se equivoca. ¿Por qué?
—Yo creo que el verdadero choque de civilizaciones se da dentro del propio Islam, entre los saudíes y los bosnios; entre las mujeres iraníes y el régimen de los ayatolás. Cuando uno nombra a Hungtinton en Israel la gente percibe que el Islam es enemigo de Occidente y un enemigo del judaísmo. Esto no es correcto. Salga de Israel, vaya a Argelia, Irán o Bosnia y verá que la idea es exagerada. Allí se encontrará con mucha gente que le dirá que la única posibilidad de progreso que tiene el Islam es recibir la cultura occidental.
—¿Cómo debería el mundo islámico conducirse con el Islam extremo?
—Ayudando a los musulmanes modernos. No hay justificación posible a lo que hizo Bin Laden con las Torres Gemelas. No hay opresión, sufrimiento o desmoralización que justifique atentados suicidas.
—Ud. dice que muchos terroristas recibieron educación en Occidente. ¿Cómo es que entonces se fanatizaron?
—Antes que nada se equivocan aquellos que piensan que los líderes terroristas son fruto de la miseria y la pobreza. No se habla de personas que una mañana se levantan y dicen, "bien, quiero ser un terrorista suicida". Los terroristas suicidas no son la expresión de un surgimiento espontáneo. La preparación de uno de estos asesinos es un proceso largo y difícil; puede llevar meses y hace falta mucho dinero para entrenadores, líderes espirituales, capacitación técnica y militar. De un día a otro nadie se calza un cinturón con explosivos. El proceso mental es largo: están seguros de no fallar, de no dudar en apretar un botón ante el objetivo. Esto no se logra en horas.
—¿Cuál es el punto exacto en el que un hombre educado en Occidente se transforma en suicida?
—Es lo que quise averiguar con el libro. Qué pasa por la mente de un terrorista suicida.
—Ud. habla de frustraciones sexuales de los terroristas.
—Ahí entra el tema de la mujer y su rol en el Islam. Hay que apoyar su lucha por más igualdad. En todo terrorista suicida hay un componente de odio a la mujer. El odio, el miedo, el desprecio al sexo femenino es un motivador difícil de comprender para Occidente, pero es un motivador.
—Ud. califica a Pakistán, aliado de EE.UU., como un país peligroso. ¿Por qué?
—Por que el hecho de que tiene armas nucleares. Éstas son más amenazadoras cuando se acompañan de una ideología. Corea del Norte tiene armas nucleares pero no tiene ideología porque el comunismo desapareció. En otros lugares como Irán o Afganistán hay ideologías extremas, pero aún no hay armas nucleares. Francia tuvo razón en no apoyar la guerra del Golfo. No hacía falta una guerra para sacar a Saddam del poder. El problema en la región no es Irak sino Pakistán y Afganistán. Los americanos ya se equivocaron con Ben Laden, con los talibanes y ahora se equivocan con Pakistán que es un aliado nacido de la guerra Fría cuando la URSS apoyaba a la India.
—¿Cómo se define a Ud. mismo, primero judío, francés, sionista?
—Me defino a mi mismo en forma mucho más compleja. Hace algunos años le hubiese dicho francés y judío. Hoy la pertenencia judía me es más importante. No creo ser más judío que francés pero en esencia soy más judío de lo que fui antes.
—Muchos israelíes piensan que Francia desarrolla una política antisemita...
—Es así.
—¿Ud. no piensa que Francia tiene una postura pro-palestina, antiisraelí y que se expresa en antisemitismo?
—Es todo lo mismo.
—¿Toda oposición a la política israelí es antisemitismo?
—En Francia y Europa es lo mismo. El odio a Israel es el camino aceptado, legítimo, permitido para manifestar el odio a los judíos. El odio a los judíos siempre tuvo un móvil; siempre fue un odio que quiso justificarse. En la época de Dreyfuss, en Francia, se acostumbraba decir que “yo odio a los judíos porque son ricos, capitalistas, porque oprimen a los franceses”. En la época de los nazis se decía en Francia que se odiaba a los judíos por ser una raza impura, que corrompe. En la época del antisemitismo cristiano se decía que se odiaba a los judíos por asesinar a Jesús. En la época de Voltaire se decía lo contrario. Hoy se dice que se odia a los judíos porque asesinan palestinos cuando en verdad se defienden.
—¿No es legítimo criticar a Israel?
—Sí lo es, pero la forma en que el antisemitismo se expresa en Francia es la forma en que se dicen las cosas. El neoantisemitismo se expresa de dos maneras. Una es decir que Israel, desde su surgimiento como estado sionista, conforma un estado violador de los derechos humanos; el segundo punto es cómo se exageran las críticas con la demonización. Se puede oponerse a Israel sin demonizar; sin mentir al decir que en el 2002 hubo masacres en Jenin. Visité Jenin luego de la retirada del ejercito israelí. Allí hubo una dura lucha, pero no masacre. Claro que había escenas dolorosas, pero como hombre que conocí muchas guerras, que vi masacres, puedo decir que allí no hubo masacres; no había una ciudad arrasada. Cuando el emisario de la ONU, Terry Larson, dijo: “Es la escena más estremecedora que vi en mi vida” pensé que en su vida vio muy pocas imágenes así.
—¿Hay algo para hacer contra el antisemitismo?
—Es una guerra larga, de años. Una guerra que no terminará nunca. Se lo puede contener, disminuir, marginalizar, pero no destruir. Hay que ser fuertes.
—¿Qué significa ser fuertes?
—Muchos judíos pensamos durante muchos años que el mejor camino para defenderse del antisemitismo era olvidarnos de nosotros mismos. Hoy pienso que es a la inversa. Debemos proclamar lo que somos, con orgullo y con la fuerza de Israel. Israel es el medio con el cual el judío diaspórico puede mostrar su fuerza. La relación de fuerzas con el antisemitismo cambió desde que surgió Israel.
—El rol de Israel en el mundo parece desacreditado...
—Israel será una fuente de poder si sigue siendo lo que es. Con un ejército moral, con una democracia ejemplar.
—¿Por qué un filósofo liberal como Ud. apoyó prohibir el uso del velo en las escuelas públicas de Francia?
—Durante mucho tiempo me opuse a esa ley y pensé que la democracia es un proceso natural que garantizaría todo. Hoy apoyo la ley para poder imponer el Islam moderado sobre los extremistas.
—¿No cree que esta ley llevará a los musulmanes a ser más extremistas?
—Es una posibilidad pero no podemos desmoralizar a los moderados. Por eso hay que fortalecer la república, la democracia.
—Parece un contrasentido. ¿No cree que la ley es antidemocrática?
—No es una cuestión de fe. No está prohibido usar velo. La única limitación es en la escuela pública. Ésta no puede tener características religiosas.
—Ud. en sus libros habla de una Francia democrática y otra fascista. ¿Cuál se impondrá?
—Yo creo que Francia no puede desentenderse de sus sectores fascistas.
-¿Cuál es el sentido de la victoria?
—Para mí triunfar es no perder.


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