UNA VISITA AL LUGAR QUE NO EXISTIO


Mujeres del exterminio
RUBEN GOMEZ DEL BARRIO

Una delegación catalana visita el campo de Ravensbrück para recordar a compañeras de Neus Català asesinadas por los nazis e inauguran una placa conmemorativa (foto)

BERLÍN- El 30 de abril de 1945 tropas rusas liberaron el campo de concentración de Ravensbrück, al norte de Berlín. Tras sus muros y durante seis años unas 132.000 mujeres –algunas de ellas catalanas– fueron retenidas a la fuerza. Aunque nunca perdieron su espíritu de resistencia, unas 92.000 de ellas perdieron la vida. La solidaridad, la cultura y el deseo de vida fueron sus únicas armas de supervivencia.Un espíritu que 65 años después sigue vivo, como dejó patente una delegación catalana que ayer se desplazó hasta este antiguo campo nazi para conmemorar el aniversario de su liberación. Su objetivo: homenajear a las deportadas catalanes pero principalmente impulsar la recuperación de la memoria democrática en Catalunya.«Hay que seguir la lucha para que las generaciones futuras sepan lo que ha pasado», aseguró Margarita Català, hija de la única superviviente catalana del campo, Neus Català. «Nuestro objetivo es continuar con el legado de mi madre. Trabajar para que la memoria no desaparezca y que este horror no suceda nunca más». Justicia y reparaciónY es que como dijo la regidora de derechos civiles del Ayuntamiento de Barcelona, Neus Canelles, poco antes de empezar el acto, «es necesario un recuerdo, un homenaje, pero también la transmisión, la justicia y la reparación».Una tarea que emprendió Neus Catalá, ganadora del premio Català de l’Any del 2006, que pese a su ausencia ayer por problemas de salud sigue con su mismo ímpetu la asociación Amical de Ravensbrück, quien desde su creación asumió el compromiso de transmitir a las presentes y futuras generaciones la memoria del horror que vivieron las mujeres del campo de exterminio.Un acto con un trasfondo emotivo que contó con la presencia del secretario de Relacions Institucionals y Participació de la Generalitat, Josep Vendrell, y la directora general de Memoria Democrática, María Jesús Bono, quienes junto a la presidenta del Amical de Ravensbrück, Anna Sallés, y otros participantes recorrieron el campo acompañados por un guía.Dentro de los muros del campo se creó un recinto industrial con talleres de producción para trabajos tradicionales de mujeres, como confección, tejido y cestería. Además, junto al recinto, la empresa Siemens & Halske construyó 20 naves industriales, donde las prisioneras fueron llamadas a realizar trabajos forzados a partir de finales del verano de 1942.Ofrenda floralFue una visita plagada de alusiones a la memoria y al recuerdo de las vivencias de las prisioneras catalanas, relatadas por los propios integrantes del grupo. La parte más emotiva se vivió cuando se descubrió una placa conmemorativa en recuerdo de las prisioneras. Un símbolo para que las futuras generaciones, como señaló Margarita Catalá, «no olviden la lucha de mi madre y sus compañeras». La placa es un emblema para la posterioridad, interpretado por Josep Vendrell como «el del valor, la solidaridad y los derechos humanos que demostraron estas mujeres y a partir del cual se construye la democracia». La voz de Marina Rossell acompañó este momento. Para tal ocasión, la cantautora interpretó –sin más instrumento que su voz– la canción Morir a Ravensbrück, escrita por Montserrat Roig y que alude al horror vivido por estas catalanas.La actuación dio paso a una ofrenda floral. Cada miembro lanzó una rosa al lago Schwedt, justo enfrente del recinto y en cuyo fondo reposan las cenizas de muchas de las deportadas.