EL NAZISMO DE HEIDEGGER


La cuestión judía: Martin Heidegger
ADAM KIRSCH

Puede parecer sorprendente que se sigan escribiendo tantos libros debatiendo la afiliación nazi de Martin Heidegger, ya que el hecho de que Heidegger fue un nazi nunca ha estado en disputa. ¿Cómo podría serlo, cuando el gran filósofo tomó posesión como rector de la Universidad de Friburgo en abril de 1933, precisamente, para llevar a cabo la Gleichschaltung, o "la puesta en línea" de la universidad con el nuevo partido-estado de Hitler? ¿No le dijo al cuerpo estudiantil, en un discurso, ese noviembre, que "el Führer y sólo él es el presente y el futuro de la realidad alemana y su ley"? Después de la guerra, ¿no se desvivió para minimizar los crímenes nazis, incluso describiendo al Holocausto, en un famoso ensayo, como una manifestación más de la tecnología moderna, como la agricultura mecanizada?
Sin embargo, para su 80 cumpleaños, en 1969, Heidegger había logrado, en gran medida, separar su trabajo y su reputación de su nazismo. El sello de su absolución fue puesto por Hannah Arendt, en un discurso de cumpleaños difundido por la radio de Alemania Occidental. El nazismo de Heidegger, explicó, fue una "aventura", un error, que ocurrió sólo porque el pensador, ingenuamente, "sucumbió a la tentación… de ‘intervenir’ en el mundo de los asuntos humanos". La moraleja que se desprende del caso de Heidegger fue que "el ‘Yo’ pensante" es completamente diferente del yo de la conciencia", de modo que el pensamiento de Heidegger no puede estar contaminado por las acciones del simple hombre.
La historia erudita acerca de Heidegger, en los últimos 20 años, ha sido la gradual demolición de este consenso de perdonar, endosado por Arendt. Por un lado, el auto-retrato de Heidegger como un idealista equivocado convertido en disidente, ha sido demostrado que es pura invención. El filósofo, está ahora claro, fue un comprometido nacional-socialista durante muchos años, un admirador de Hitler que purgó a colegas judíos, presidió una quema de libros (aunque parece que la lluvia pudo haber impedido la efectiva quema de los libros) y - a diferencia de los genuinos disidentes - continuó enseñando, publicando y viajando durante todo el período nazi. Al mismo tiempo, y más significativamente, la supuesta división entre el hombre y el trabajo, ha sido minuciosamente socavada, cuando los estudiosos examinaron la profunda afinidad del pensamiento de Heidegger con las ideas irracionales y chauvinistas de la derecha alemana de entreguerras.
Lo que distingue a "Heidegger: La introducción del nazismo en la filosofía", de Emmanuel Faye, que fue publicado en 2005, con una fuerte controversia en Francia, es que lleva estas críticas a Heidegger hasta su lógica más extrema. La mayoría de los lectores estarán de acuerdo que Heidegger era un nazi, y que esto tiene importancia para su filosofía; le ha quedado a Faye argumentar que Heidegger fue un filósofo nazi, lo que quiere decir que no era un filósofo en lo absoluto, y que sus libros son verdaderamente peligrosos de leer. De hecho, está muy cerca, en la última página del libro, de decir que las obras completas de Heidegger deberían ser prohibidas en las bibliotecas: "Son… tan destructivas y peligrosas para el pensamiento actual como el movimiento nazi lo fue para la existencia física de los pueblos exterminados… el hitlerismo y el nazismo seguirán germinando a través de los escritos de Heidegger, con el riesgo de desovar nuevos intentos de completa destrucción del pensamiento y de exterminio de la humanidad".
Faye, una autoridad en Descartes, es conducido a este extremo de acusación, por su estudio de los seminarios, hasta ahora no traducidos o no publicados, que Heidegger enseñó durante 1933-35, en el primer arrebato de su entusiasmo nazi. En estas clases, Faye demuestra sin lugar a dudas, que somos testigos "de la introducción del nazismo en la filosofía", la rotunda transformació n del pensamiento de Heidegger en una herramienta de adoctrinamiento nazi. Cuanto más familiar está un lector con la obra de Heidegger, más impactado estará al verlo emplear sus términos clave - ser, existencia, decisión - como eufemismos de nacionalismo y de culto al Führer. Así lo encontramos, en el invierno de 1933-34, declarando que "la cuestión de la conciencia de la voluntad de la comunidad, es un problema que se plantea en todas las democracias pero es uno que, por supuesto, sólo puede llegar a ser fructífero cuando la voluntad del Führer y la voluntad del pueblo se identifican esencialmente". Al mismo tiempo, Heidegger les dice a sus estudiantes - "muchos de los cuales", señala Faye, "se convertirían en combatientes a principios de la década siguiente en el frente oriental " – que "para un nómada semita", la "naturaleza de nuestro espacio alemán" es inherentemente extraña.
Adam Kirsch es un editor senior de The New Republic y articulista de la revista Tablet.
Traducido por José Blumenfeld