EL PRINCIPAL ESCOLLO DEL ACUERDO PARA LA PAZ


Jerusalén - Estrellas muertas, paz y sacrificios

En 1967 unos astrónomos lograron descubrir que en el universo no sólo existen estrellas, sino también estrellas muertas; astros celestes que se formaron de la destrucción de ellos mismos. Según los eruditos, la muerte de una estrella se produce en el momento en que ésta es vencida por su propio peso, cuando es absorbida dentro de sí misma y se transforma en un cuerpo pequeño muy concentrado que no puede soportar la presión de su masa.
En el mes de junio del mismo año que dicho fenómeno cósmico fue descubierto, un reducido batallón de paracaidístas de Tzáhal, luego de librar un sangriento combate contra la legión jordana, se detuvo alrededor de una roca que asomaba en la cima del Monte del Templo de Jerusalén. A primera vista, parecería ser una roca como cualquier otra, grisácea, de piedra caliza, agrietada por las lluvias milenarias. Pero bien podría haber sido también algo parecido a una estrella muerta. Había algo en ella que trasmitía la sensación de que el mundo entero sería, de allí en adelante, absorbido por su propio peso.
A pesar de sus murallas, de su diversidad demográfica, de sus lugares sagrados, de sus cúpulas, de sus monumentos, de sus casas de piedra y de su milenaria historia, Jerusalén continúa relacionarla con el término "sacrificios": desde la narrativa del patriarca Abraham conduciendo a su hijo Itzjak hacia el patíbulo en el Monte Moriá, pasando por aquellos que los hebreos efectuaban en el Monte del Templo para cumplir con los preceptos divinos, siguiendo por el salvajismo de romanos, bizantinos, musulmanes y cruzados, y hasta los de las últimas décadas, en las cuales tanto israelíes como palestinos no conseguimos detener los interminables derramamientos de sangre que se efectuan en esta urbe unida-dividida.
Sacrificios, centurias enteras llenas de sacrificios.
A 43 años de la Guerra de los Seis Días, lo cierto es que Jerusalén se ha convertido en el mayor escollo para la solución de los conflictos árabe-israelí e israelí-palestino. La ciudad tres veces santa siempre vuelve a caldear los ánimos en las diversas tratativas de paz, como si fuera un extraño e inoportuno ejercicio de estilo destinado a convertir a los políticos de turno, aparentemente desprestigiados, en momentáneos héroes de una posible convivencia pacífica.
El problema es que a la hora de hallar una solución mutuamente aceptable, israelíes y palestinos tropiezan con viejas posturas maximalistas. De hecho, para ambas partes, la baraja de Jerusalén se sigue jugando a todo o nada. Lo que se ha vislumbrado en los últimos años, es la inevitable visión apocalíptica de la codiciada Ciudad Santa
Israel celebra 43 años de la reunificación de Jerusalén. La verdadera y ansiada paz sólo vendrá cuando todos, israelíes y palestinos, consigamos festejar juntos. Mientras no sea así, continuarán los milenarios sacrificios.