HALLAN YACIMIENTOS PETROLIFEROS Y GASIFEROS EN AGUAS ISRAELIES


ISRAEL:PETROLEO Y GAS

MÁS VALE UN BUEN DESMERSAR QUE UN BUEN GANAR.
Refrán sefaradí

¿Hasta qué punto puede considerarse a Israel como feliz poseedor de grandes yacimientos de gas? ¿Permiten los hallazgos de estos yacimientos frente a la costa considerar a Israel como futuro integrante del selecto club de mercaderes energéticos? Porque aquellas perforaciones de prueba al oeste del puerto de Hadera y frente a Haifa fueron fructuosas. “Dalit 1”,”Tamar”. Tres veces las dimensiones de cualquier otro anterior. Cerca de 25.000.000.000 euros de beneficios. Lo que el ministro Ben Eliezer calificó como un momento histórico para Israel tiene visos de convertirse en una espléndida realidad. Ahí es nada la independencia respecto al gas egipcio, siempre caro, difícil y a veces problemático.
Los amargos dardos de gnósticos, cristianos y judíos poco piadosos ya no tienen sentido, puesto que la Tierra de Israel, como dice la Biblia, “es buena”; “la mejor tierra del mundo para los judíos del mundo”. Estos frutos tardíos se convierten en dulces frutos de temporada. Moisés no se equivocó. Basta con que uno se pregunte si la Declaración de Independencia hubiera sido realmente posible si los británicos fuesen quienes hallaron estos yacimientos antes de 1947.
Así pues, el Tamar 1 ha dado paso al Tamar 2, y los cerca de doscientos mil millones de metros cúbicos calculados para Tamar 2, dejan las primeras estimaciones efectuadas en pacatas y balbuceantes afirmaciones. Pero debe estar escrito en algún sitio que Israel no pueda disfrutar de ninguno de sus bienes, ni de su esforzada seguridad, sin que el enemigo de mil cabezas, llámese filisteo, faraón, asirio, griego, romano, cristiano, católico o musulmán, amenace, agreda, asalte, acometa, embista sus fronteras, sus ciudadanos, sus bienes, sus riquezas con otras tantas artimañas, artilugios, hordas y gente uniformada. Unas veces el enemigo esgrimió el insidioso edicto, la sibilina calumnia, otras el vil acero y otras la ignominiosa horca, la hoguera sistemática o el pogrom rapiñador. El enemigo pretendió el exterminio y, ahora con cambios en el decorado, armas nucleares y uniformes más mugrientos, amenaza con repetirlo. Mientras tanto y lija, saca brillo y decora el arma total, sirviéndose de los elementos patógenos que el Sistema Democrático genera en su seno, pretende constreñir a Israel en cárceles de papel, disputándole incluso la credibilidad histórica.
Lo cierto y verdad es que, en relación al importante tema que nos ocupa, el gas encontrado por Israel mediante prospecciones efectuadas en su territorio “offshore”, esta camaleónico enemigo también pretende agriarle la sopa. Da igual que sea Chossudovsky, Muñoz o cualquier otro, cada uno en su ámbito, pero ninguno ceja en su empeño de enmerdar la imagen de Israel. Como apéndices al Informe Goldstone, puntualmente surgen informaciones por doquier afirmando que el Tzahal, en su Operación Plomo Fundido, no sólo pretendía matar a todos los niños de Gaza, sino que tenía como objetivo prioritario el control de las reservas estratégicas del gas de Hamás. Vamos, una verdadera guerra de conquista. No sabemos, ni esta gente lo explica, los motivos por los que el ejército israelí no culminó con éxito este objetivo militar y se entretuvo malignamente en sacrificar a los bebés gaceños. ¿Y cuál es el gas de Hamás? Pues, obviamente, todo. Si Israel ha usurpado la tierra, también ha usurpado la mar; si aquella tierra pertenece a Hamás, también le pertenecen las aguas. Y todo lo que bajo ellas exista.
En primer lugar, habría que dejar claro que la soberanía de las aguas frente al territorio de Gaza no es de Hamás, ni siquiera de Gaza jurídicamente hablando. Porque Gaza, hoy por hoy, es un territorio dominado por un grupo terrorista que expulsó de la zona a su presidente con toda su ANP y seguidores, armados o no. Y es que la historia es simple. Cuando Israel certificó el hallazgo de las inmensas bolsas de hidrocarburo (Tamar), deduciendo que más allá de la línea divisoria se extendía el resto del tesoro, ofreció a la ANP la compra de la futura producción. Como quiera que Hamás hizo fuerte su posición dominante en los territorios, exigiendo si no toda la tarta, sí buena parte de ella. Los hechos son los hechos y la realidad se hace evidente. Israel accedió a la transacción, pero pagando el gas adquirido mediante bienes de equipo y a expensas del resultado del contencioso de ANP-Hamás y de las futuras negociaciones respecto de los territorios. Por supuesto, y quién lo discute, que el Gobierno israelí no iba a permitir que Hamás recibiese un centavo más de lo que ya recibía gratuitamente gracias a la UE, para que acudiese a su privativo mercado armamentístico con la billetera a rebosar. Pagaría en bienes y servicios, ofreció. La compraventa se fue al garete e Israel, como resultado de ello, se nutre en el mercado egipcio.
Pero a partir de ahora el mundo islámico va a llorar petróleo, viendo a Israel autosuficiente energéticamente y, quizás, en el lado de allá del mostrador en el mercado del gas. Lo más probable es que pretendan crear, los musulmanes, tormentas políticas alrededor de los hidrocarburos y sus derivados, y también es probable que estas tormentas se queden en vientos removedores de polvo en el desierto. Ya algunos de sus analistas sentencian que “los nuevos campos de gas harán poco por la paz en Oriente Medio”, confirmando que estos afloramientos son el preludio de otros mucho mayor tamaño, “gigantescos”. Todo hace prever, dicen, la independencia israelí respecto a las importaciones energéticas, con un medio ambiente más limpio y un posible sustancial incremento de sus ingresos por exportaciones. Es decir, un espejo demasiado límpido para un ambiente tan turbio, tan enrarecido como el árabe. Sin embargo, en ese frente, grueso pero resquebrajado, surge alguna voz casi coherente que, ahora sí, pide “algo de gas para los vecinos pobres” y que “Israel podría participar en el gasoducto que se extiende desde Egipto hasta Siria, y que por tanto podría extenderse hasta la UE a través de Turquía”. Obviamente, este sería un escenario idílico, muy lejos del que Hamás y Hizbollá recrean a diario entre aplausos y vítores, mientras sus abogados en Londres y Bruselas reclaman una propiedad imposible sobre todos los yacimientos, los de Israel y los que en su día puedan funcionar frente a la costa de Gaza, convencidos al tiempo de que Tamar acarreará conflictos entre Israel y Líbano por la disputa de nuevos pozos en la zona fronteriza común, aún sin delimitar por la falta de un acuerdo de paz.
Uno de los embelecadores de las bondades del Islam, Robin Mills, no se recata en afirmar cínicamente que estos yacimientos “son un recordatorio de que en sí mismos, el petróleo y el gas, son tanto una bendición como una maldición. Todo depende de lo que se hace con ellos. Tamar aportará beneficios sólo a Israel y fomentará su intransigencia”. Habría que recordarle a este miembro del henchido club de los denostadores de Israel que lleva años ensalzando las virtudes del Islam, de su doctrina aplicada al gobierno de las masas musulmanas en esos países protagonistas de sus panegíricos, muchos de ellos miembros de la OPEP, favorecidos con un subsuelo repleto de hidrocarburos que explotan desde hace décadas, a los que ese oro negro supuso una excesiva bendición para sus teócratas gobernantes y una maldición añadida para esa masa musulmana que mencionada antes.
Le advertiría yo que, en cualquier caso, es absolutamente legítimo y agradable a D-s que Tamar aporte beneficios sólo a Israel, su dueño, y sí debe servir para mantener firme su brazo en el pulso que mantiene con todos esos países que, disponiendo de abrumadoras cantidades de petrodólares, esgrimen para orgullo del Islam y vergüenza del género humano tasas de mortalidad infantil (10,3 al 149 0/00), esperanza de vida (46 al 76,8), IDH desarrollo humano (0 patatero al 0,83), número de médicos (0,19 a 1,53 por mil habitantes), niños con una esperanza de escolarización del 0 patatero al 12,9 años, con acceso a Internet denegado absolutamente para los afganos y 230,8 por cada mil habitantes para los kuwaitíes, con un producto interior bruto, PIB, que oscila entre 206 de Afganistán y 16.066 de Kuwait. El de Israel era de 23.500, antes de Tamar. ¿En qué contexto habría que colocar entonces las declaraciones de muchos de los líderes petroleros, entre los que se incluye el Presidente caribeño Chávez, en el sentido de considerar el petróleo y sus derivados “clave para la victoria de los musulmanes en el Oriente Medio”? Esta afirmación ha sido suscrita hace escasos días en Teherán por Rahimi, primer vicepresidente de Irán, con el siguiente corolario: “En relación con el punto de vista geopolítico de Oriente Medio y la ubicación de las gigantes reservas de petróleo en tres países musulmanes de Oriente Medio, Irán, Irak y Arabia Saudita, se puede concluir que Alá ha puesto el petróleo como la llave para la victoria de los musulmanes en el Medio Oriente”.
Vamos pues, Israel, a administrar Tamar, sin perder de vista que el petróleo es un arma importante en manos de estos teócratas y, en definitiva, teniendo siempre en cuenta que el origen del conflicto está más allá de los pozos y los yacimientos.