MANIFESTACIONES DEL EX PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL



Aznar acaba de pedir a las democracias europeas que muestren comprensión hacia el Islam. Así, literal. Estas afirmaciones no las pronuncia ni desde un lugar cualquiera, ni en un momento cualquiera. Nada de eso. Habla desde la FAES, su casa, donde más libremente se expresa el ex presidente. Y precisamente ahora, cuando Europa, tras lustros de vergonzante silencio, debate seriamente la prohibición de aquellos símbolos islámicos que atentan contra sus valores; cuando España, que no termina de desquitarse de su letargo, empieza a dar muestras de la saturación que le provoca la actitud prepotente y siempre intolerante de una comunidad islámica que, tal y como señalé en un reciente artículo, lo exige todo pero no da nada a cambio. La cosa, por tanto, no puede ser más oportuna. Para el islam, naturalmente, que debe estar aplaudiendo con las orejas. Quién les iba a decir a ellos que sería Aznar quien les echara este capote ¡Qué digo capote! ¡Capotazo!
Opina Aznar que no tenemos un problema con el islam, sino con el yihadismo; que no debemos confundir moderados con radicales; y que la mayoría de las víctimas del terrorismo islámico son los musulmanes. Tiene coña que sea precisamente Aznar quien haya soltado semejantes sandeces. Si hubiéramos de secundar sus argumentos, habría que decir que si no tenemos problema con el islam, tampoco lo tenía España con Saddan Hussein y, sin embargo, nos envió a la guerra; contra la opinión mayoritaria de los españoles, y contra la de sus propios votantes. No seré yo quien abogue por un tirano como Hussein, pero si alguien dio por saco a los radicales musulmanes durante decenios ese fue Saddam. Que se lo digan al chiismo iraní; a la tiranía Kuwaitíe; e incluso, a los wahhabíes de Arabia Saudí, muy árabes ellos, muy glamorosos, y ante todo, muy subversivos. Son ellos quienes financian el islam y construyen las mezquitas por el mundo. Ahora bien, intenten levantar una iglesia católica en su tierra. ¿Qué creen que ocurriría?
En cuanto al tercer argumento aznariano, ya saben, ese de que los musulmanes son las principales víctimas: que se lo pregunten a las del 11-S en Nueva York, a las del 11-M en Madrid, a las de Londres, a las de la India –Esperanza Aguirre puede dar buena cuenta de ello-, o a los cristianos coptos que son masacrados en Egipto cada día. ¿cuántos musulmanes había entre sus víctimas? Y ya que hablamos de cristianos ¿se le ha ocurrido a Aznar preguntar en qué condiciones viven las poblaciones cristianas allí donde gobierna el islam? ¿Qué hace el islam moderado por ellas? ¿A cuántos de de esos musulmanes, presuntamente moderados, han visto u oído ustedes condenar el radicalismo islámico sin ambigüedades? Sumisión, esa es la voz del Islam; la única a la que atienden sus fieles, ya sean moderados, ya radicales. Alá es grande. Esa es su religión. Esa es su ideología.
Ciertamente, no han sido demasiado afortunadas las declaraciones de Aznar. El problema es que tampoco creemos que lo hayan sido improvisadas. De todos es sabido que el ex presidente del Gobierno no da puntada sin hilo. Y mucho menos, cuando habla en su calidad de líder de la FAES. Si, como es notorio, sus palabras no sirven los intereses nacionales de España, ni siquiera los de Europa, la pregunta que nos surge es la siguiente: ¿Qué pretende Aznar pidiendo a Europa que se abra al Islam? ¿Simplemente que seamos permisivos y tolerantes con las comunidades islámicas ya establecidas, cuyo emergente poder es indudable? ¿Más de lo que ya lo somos? Indudablemente no.
Bajo mi criterio, sus palabras otean hacia un horizonte no mucho más lejano pero, desde luego, sí más ambicioso a corto-medio plazo. Apunten a Turquía. ¿No estará, por casualidad, Aznar preparando el terreno para que nuestras conciencias asuman la entrada de Turquía, un país musulmán, en la Unión Europea? La OTAN lleva años reclamándolo. Y casualmente, Aznar es un atlantista declarado. Tanto que su nombre sigue sonando fuerte como candidato a la presidencia de esa organización. Casualmente. Por otro lado, por evidentes razones geoestratégicas, Estados Unidos es la nación de Occidente más interesada en que Turquía se integre en la UE, toda vez que ello le allanaría enormemente el terreno. Casualmente, Aznar trabaja a las órdenes de Rupert Murdoch, el propietario del grupo mediático estadounidense más poderoso del mundo. Casualmente. Pero sigamos hilando ¿cuál ha sido la escuela de pensamiento- por cierto, todopoderosa en la era Bush Jr.- Aznar- que, con más fervor, ha defendido la incorporación de Turquía? Sin ningún género de dudas, la neoconservadora. Casualmente, la misma tendencia ideológica que promueve la FAES en España. Casualmente. William Kristol y Robert Kagan comandan el neoconservadurismo norteamericano, José María Aznar, el neoconservadurismo patrio. Casualmente, los tres son íntimos amigos. Casualmente, claro.
Nada tengo contra Aznar; lo voté cuando creí oportuno hacerlo; primeramente, para echar a los bandoleros socialistas que saqueaban España a sus anchas; más tarde por convicciones, y, por último, para evitar que volvieran quienes hoy vuelven a desangrar nuestra nación. Tampoco soy antiamericano, aunque discrepe de su mesianismo. Y por supuesto, -aunque no comparta muchos de sus postulados- no veo en los neoconservadores esa reencarnación diabólica sobre la tierra que otros denuncian. Se me ocurren muchos nombres más peligrosos que ellos. El islam, por ejemplo.
Llámenme raro, pero me considero un patriota. Tengo la rara cualidad de sentirme orgulloso de ser español, de defender los intereses de mi patria, aunque para muchos, puedan ser equivocados. Entiendo perfectamente que los neoconservadores americanos defiendan los intereses de su patria; que los musulmanes pretendan la expansión de su religión, pues va en su naturaleza. Pero lo que, en verdad, me resulta tan intolerable como incomprensible, es ver cómo cada día nuestros políticos –de uno u otro signo- defienden intereses que nos son extraños; intereses que incluso atentan contra nuestra nación. La posición de Aznar en relación con el islam, es –siendo delicado- cuanto menos ambigua. Quien fuera el presidente de España, no debiera olvidar nunca las prebendas vitalicias que los españoles le seguimos pagando. No para defender los intereses de la OTAN, los del neoconservadurismo norteamericano, cualesquiera que sean estos, sino los de España y los españoles. Desde luego, lo de este país es para mear y no echar gota. Disculpe el lector la vulgaridad, pero es lo que toca.