Maruja Torres y El País difaman seriamente a Israel
por Monica Cooper


Maruja Torres hace alardes en su artículo "Israel y "apartheid"" en El País del 25 de abril de 2010 de su larga experiencia, la cual le permite recordar lo que otros periodistas, los más jóvenes, no podrían. “Los rockerosaurios del reporterismo poseemos una gran memoria”, declara. Dicen sin embargo, que con los años, al contrario, se pierde la memoria y que, con la experiencia, llegan la sabiduría y la precaución; pero esta nota suya demuestra que la Sra Torres no ha adquirido ninguna de las dos virtudes. Su artículo es un desplante de errores e inventos.
Ya en el primer párrafo, hace una declaracion insólita:
No es fácil ser judío y contar la verdad en voz alta.
Claramente Torres ha perdido todas las inhibiciones. Los judíos, nos enseña Torres, son deshonestos por naturaleza. Es difícil para “ellos” contar la verdad; engañan o mienten como parte de su ADN.
Esta oración forma parte del siguiente párrafo:
Soy una ferviente seguidora del diario israelí Haaretz, y en especial de su valiente reportera Amira Hass, una mujer respetada por los mejores del oficio en todo el planeta. No es fácil ser judío y contar la verdad en voz alta. Ser periodista judío y hacerlo desde el propio interior de Israel tiene un mérito increíble. Amira y sus colegas no habitan en la burbuja del sueño colonial hebreo. Han vivido en los territorios ocupados, en Gaza. Saben de qué se trata. Los palestinos aprecian su trabajo.
Es evidente que los judíos en Israel expresan todo tipo de voces y opiniones. Hay pocos países como Israel que producen tanta gente que hasta se promociona en el exterior por acusar y difamar a su propio país. Justamente de aquellos que lo hacen, se enamoran los que como Torres, odian a Israel, para regocijo de Hass y otros periodistas israelíes que así reciben admiración y “respeto”. El hecho es, que honestidad y afán de encontrar la “verdad” sobran en los judíos y en los judíos israelíes, lo que falta es la capacidad de ver la complejidad de la situación, buscar la información completa y ponerla en contexto. Ese es el trabajo del periodista responsable, no el de escribir lo primero que viene a satisfacer un prejuicio como demostraremos lo ha hecho Torres y también Hass.
En cuanto al “sueño colonial hebreo”, Israel fue un “sueño” durante 2000 años de exilio, pero tiene cien años de realidad y de colonial no tuvo nada. Los colonialistas han sido los europeos, como los españoles y los británicos y otros tantos, pero los judíos fueron a Israel a construir un país, vivir en él, y vivir en paz con sus vecinos. Colonialismo es vivir en otro lado. En Israel los judíos viven y mueren por vivir allí. Según el diccionario Merriam Webster (traducción nuestra), colonialismo es: “la explotación por un país más fuerte de otro más débil y el uso de los productos del país mas débil para fortalecer y enriquecer al país más fuerte”. Israel se erigió como país independiente (el único con mayoría nacional judía) y le otorgó derechos iguales a todos sus ciudadanos; no vino como país a colonizar a ningún país más débil. Lo que vino fue gente, gente judía, gente perseguida, a construir un hogar nacional. Esa es la historia de otras migraciones y de muchos países en existencia. Ni siquiera es cierto, como lo demuestra la historia de tantas ofertas de paz y concesiones, que Israel tiene intención de mantener los territorios en disputa como “colonia”. Este rótulo que pone Torres es incorrecto como lo atestigua la historia del conflicto, y no es nada más que una intencionada difamación.
Escribe Torres:
A lo que iba. Pinché en la web de tal periódico, fui a por Amira y me enteré de la nueva ley de deportaciones en masa y a la carta para palestinos. El País también informó de semejante escándalo. Como les imagino al cabo de la calle sobre el asunto –y si no, lo buscan por la Red–, no me extiendo más sobre esta última etapa, por el momento, de la infamia ocupante más racista
El Utopia Orchid Park (pueden comprobarlo en www.utopiapark.co.il) ofrece paisajes de ensueño y ¡especies protegidas!, mucho ovino, pajaritos, ciervos y ranitas cantadoras. Es decir, un paraíso. Lástima que esté en la tierra de la deportación, pero ese es un detalle secundario, aunque sombrío.
Torres nos quiere convencer que en Israel, como en la Sudáfrica del apartheid, los animales en los parques son tratados bien y los -no mencionados- palestinos, son “deportados”. No nos cuenta sino que nos manda a “la red” a buscar. Ella ya da por sentado que Israel está ejecutando “deportaciones en masa” porque lo leyó en un diario, el Haaretz de Israel y porque lo contó Hass, que, como vimos, es muy “respetada”. Alguien que se considera un reportero serio, primero se fija en las fuentes originales, antes de mentirles a sus lectores esparciendo los errores de otros diarios y periodistas.
Estos son los hechos:
En 1969 (hace 41 años de esto!) Israel promulgó una ley militar aplicable a los infiltrados ilegales en la Cisjordania. 39,000 personas fueron halladas que se encontraban allí con visas de turista expiradas, y en un acuerdo con la AP, se les concedió una visa de residencia, o sea, una amnistía.
Recientemente Israel promulgó una orden que revisa la ley anterior de 1969 y que viene a mejorarla: ahora aquellos que son encontrados sin visa alguna, pueden apelar judicialmente en vez de ser deportados a su lugar de origen automáticamente.
Hass considero que esto abre las puertas a deportaciones “en masa”. En realidad hay 7 personas esperando que sus casos sean resueltos.
Si Torres o Hass observan deportaciones en masa, por favor infórmennos. Qué triste para ellas que no tendrán esa suerte. Lo que sí, la difamación de Israel ya la han hecho.
Una ley que es común en todos los países del mundo, la que se relaciona con residentes infiltrados ilegales, es un “escándalo” solamente cuando se trata de Israel. Y es un escándalo ahora, cuando se le otorga una apelación judicial al inculpado. La capacidad de difamar a Israel no tiene límites y Haass y Torres son genios en el oficio. Vaya periodismo.
Continúa Torres:
Yo no tuve que revolver mucho en ella [su memoria] para saber qué me estaba evocando la mezcla de los dos términos: deportación masiva y reserva natural. ¡Coño!, repetí, esta vez entre admiraciones. Más admirada aún: ¡Suráfrica! Y no cualquier Suráfrica, sino la Suráfrica del perverso apartheid, en la que tuve ocasión de reportear hace unos veinte años. La Suráfrica de la supremacía blanca, de los afrikáner y la represión violenta, de los guetos negros, de la separación entre razas, de la división de las familias, de los barracones para hombres, de los muros y de las vallas.
Los hechos son que la Sudáfrica del apartheid tenía un sistema legal diferente para las dos razas, escuelas separadas, no admisión a las universidades para los de raza negra, no participación en los partidos políticos y en el parlamento, no participación en los juzgados y las cortes, etc. En Israel, el veinte por ciento de los ciudadanos israelíes son árabes. Estos no sólo votan en las elecciones israelíes sino también sirven en la asamblea legislativa (o Knesset), las cortes y el ejército.
Los miembros árabes de la Knesset incluyen a los que representan a los partidos sionistas convencionales, tales como Majalli Whbee de Kadima y Ayoob Kara de Likud. Pero también están representados duros críticos del estado. Por ejemplo, el miembro de la Knesset Ahmad Tibi fue en una ocasión consejero del finado líder palestino Yasir Arafat.
El árabe cristiano Salim Joubran es un juez israelí con un puesto permanente en la Corte Suprema del país. Antes del nombramiento de Joubran, el árabe musulmán Abdel Rahman Zuabi había servido como Juez de la Corte Suprema.
Y árabes, tales como Yusef Mishlav, han servido en los más altos niveles del ejército israelí.
En Israel los hospitales están llenos de árabes musulmanes, inclusive de Gaza, tratados con la misma abnegación que sus vecinos de cama judíos israelíes. Eso jamas ocurría en la Sudáfrica del apartheid. En Israel la ley es igual para todos los ciudadanos. La acusación de que Israel mantiene un apartheid es completamente desfasada de la realidad. La comparación solo se puede llamar ridícula y aunque resulta difícil pensar en una manera diplomática de decirlo, una gran mentira.
Para más detalles sobre la realidad en Israel, haga click
aquí y lea bajo el subtítulo “Qué no es apartheid”.
Escribe Torres sobre Sudáfrica e Israel:
Resulta que mientras la comunidad internacional mantenía un boicot absoluto al comercio surafricano –boicot que acabó contribuyendo a que el régimen cayera–, Israel actuaba como tapadera para vender sus naranjas como propias, aparte de venderles armas y suministrarles asesoría.
Que Israel suministró armas a Sudáfrica es una distorsion de los hechos- como veremos -al ignorar los principales contribuidores al arsenal de Sudáfrica.
Este es un listado de los proveedores de armamentos a Sudafrica del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI):
UK 14 Westland Wasp helicopters supplied in 1973 and 1974
France
38 Mirage fighter aircraft supplied in 1974 and 1975
Jordan 717 Tigercat missiles suppplied in 1974
Italy 80 military aircraft supplied in 1974
UK 41 Centurian tanks supplied in 1974
France 48 AS-12 air to surface missiles supplied in 1975
France 2 submarines supplied in 1975
France 2040 air to surface missiles supplied between 1976-1983
Italy 96 Impala counter insurgency equipment supplied between 1976-1983
Spain 60 centurion tanks supplied in 1979
Cálculos similares han sido publicados por UNESCO y otras fuentes.
El libro de SIPRI describe la contribución mayor de Israel durante ese período de tiempo: “una docena de botes patrulleros”.
Observemos la contribución de España: 60 TANQUES Centurion en el mismo período.
Obviamente es importante que Torres escriba un artículo sobre el apoyo de su país, España, al régimen apartheid de Sudáfrica. Y que como consecuencia de ese esclarecimiento, establezca que España también es un estado que practica el apartheid dentro de sus fronteras. Después de todo esa es la conclusión a la que llega Torres, sólo que su punto de partida, es, para colmos, falso: parques naturales e inexistentes deportaciones la llevan a clamar: apartheid!, mientras que suplirles armas a Sudáfrica, cosa que por lo menos 9 países hicieron en mayor cantidad que Israel, no convierte a ninguno de ellos en estados de apartheid, sólo a Israel.
Para más datos ver:
http://www.camera.org/index.asp?x_context=6&x_article=1083
En cuanto a las “naranjas” que menciona Torres, ella debe proveer la fuente de su información. Esto es lo que se sabe:
El Fondo Monetario Internacional publicó las estadísticas del comercio con Sudáfrica que muestran el comercio con Israel fue minúsculo comparado con naciones europeas y con países árabes exportadores de petróleo:
Direction of Trade Statistics, IMF Yearbook, October 1984: Trade with South Africa 1982-1984
Exportaciones a
US$ millones USA 1,551
Japan 1,390
UK 1,219
Africa negra 772
West Germany 703
France 353
Israel 142
Importaciones de
US$ millones Arab oil exporting countries 2,500
USA 2,207
West Germany 2,003
Japan 1,765
UK 1,697
France 544
Africa negra 315
Israel 69
En forma similar, inversiones del extranjero fueron una fuente vital de apoyo al régimen de aquella época. Según una fuente, los países árabes contribuyeron un tercio de las inversiones extranjeras en Sudáfrica, por un total de 9 billones de dólares (Middle East Review, Summer 1985). Torres ignora completamente el abastecimiento de petróleo a Sudáfrica por parte de los países árabes sin el cual Sudáfrica no podría haber sobrevivido.
Por último, Torres nos refiere a dos “reportajes fabulosos” de McGreal, los cuales han sido completamente demostrados falsos e inventados en este
análisis de CAMERA.
El País debe corregir todas estas falsedades que ha publicado respecto a Israel, acusándola de deportaciones en masa y de apartheid, crímenes contra la humanidad que Israel nunca ha cometido.
Finalmente, la caducidad de Torres es evidente, no por su "buena memoria" sino por su prejuicio, capacidad de mentir y fabricar información y su falta de responsabilidad periodística.
Israel merece una rectificación de toda esta infamia.