MIEDO EN LA COMUNIDAD CRISTIANA DE IRAK



Un muerto y unos 120 heridos, tres en gravísimas condiciones (una estudiante está en coma): es este el trágico balance del atentado del pasado 2 de mayo, contra tres autobuses que transportaban estudiantes cristianos de la ciudad de Qaraqosh (mayormente cristiana) a la Universidad de Mosul.
El atentado dejó “miedo, shock e indignación en la comunidad cristiana”, y los heridos han sido transportados a diversos hospitales de la zona (sobre todo en Mosul y Erbil) y que las familias cristianas de Qaraqosh, alarmadas, se han precipitado a la búsqueda de los seres queridos.
P. Bashar Warda, sacerdote Redentorista de Erbil, describe a la Agencia Fides los sentimientos y la amargura de la comunidad cristiana local: “Ha sido un ataque brutal, sin precedentes. Estamos bajo shock pues las víctimas no eran ni soldados o militantes, sino solo estudiantes que llevaban consigo libros, lapiceros, sus sueños de crecer y servir el propio país. Los cristianos siguen estando en la mira, y son las víctimas privilegiadas de la violencia”.
P. Warda narra brevemente los hechos: “El atentado suscita muchos puntos interrogativos. El atentado se dio entre un tramo situado entre dos puestos de control de las fuerzas del orden. Como ciudadano iraquí, me pregunto, y se preguntan todos: ¿Cómo es posible? ¿Cómo realizan su labor de seguridad? Los ciudadanos exigen una investigación y esperan respuestas claras”.
Además “a diferencia de otros atentados realizados en el pasado, aquello que nos afecta más es el silencio del gobierno y de las autoridades. No ha habido ninguna condena pública por parte del gobierno central, ningún comunicado oficial, ni intervenciones de los líderes políticos. Parece que un atentado de este tipo se ha dado en la indiferencia general. Es inadmisible, y esto genera rabia en la comunidad local, que se siente indefensa, abandonada ante los extremistas. Existe una responsabilidad determinante del gobierno en el garantizar protección y seguridad a los ciudadanos”.
Muchos dicen que “los cristianos son víctimas como otros iraquíes”, pero, destaca P. Bashar, “las minorías cristianas son las víctimas más fáciles, los inocentes, que no participan en las luchas y en los conflictos internos, que no llevan armas. En sus difíciles condiciones, los cristianos han reaccionado rezando por la seguridad, por la estabilidad del Irak y por la reconciliación”.
Mientras la situación se deteriora, “es necesario –concluye el sacerdote- que los líderes políticos y religiosos cristianos se encuentren y den una prueba de unidad, asumiendo una posición común, fuerte y unificada, sobre las cuestiones relacionadas con la vida y derechos de las minorías cristianas en Irak”.